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ENVIADOS AL CONCURSO DE GRANDES ESPACIOS 194

Todos los Relatos del Balaitús: Balaitús: un sueño

Con motivo del monográfico sobre el Balaitús invitamos a nuestros lectores a que enviaran un pequeño texto relatando una vivencia en esta montaña. En juego estaba un lote de productos formado por una linterna frontal Led Lenser H5, una mochila Altus Aventura y una bolsa  Aquapac de 70 litros que se sortearían entre los tres relatos más interesantes.

Grandes Espacios - Lunes, 9 de Diciembre de 2013 - Actualizado a las 10:45h.

Gonzalo Cantos lee con fruición uno de los primeros número de Desnivel con la linterna Led Lenser que le tocó después de que su relato titulado "Solo" fuer elegido como uno de los tres mejores. Puedes leerlo en Grandes Espacios 195.
Gonzalo Cantos lee con fruición uno de los primeros número de Desnivel con la linterna Led Lenser que le tocó después de que su relato titulado "Solo" fuer elegido como uno de los tres mejores. Puedes leerlo en Grandes Espacios 195.

Galería Noticia

  • Gonzalo Cantos lee con fruición uno de los primeros número de Desnivel con la linterna Led Lenser que le tocó después de que su relato titulado "Solo" fuer elegido como uno de los tres mejores. Puedes leerlo en Grandes Espacios 195. Gonzalo Cantos lee con fruición uno de los primeros número de Desnivel con la linterna Led Lenser que le tocó después de que su relato titulado "Solo" fuer elegido como uno de los tres mejores. Puedes leerlo en Grandes Espacios 195.
  • Jon Pérez Feito, enseña la portada de la novela Lo que la nieve esconde, ganadora del último premio Desnivel de Literatura. Este premio no estaba previsto, pero la historia contada por Jon se merecía un premio ad hoc. Puedes leer su relato "Una noche JJon Pérez Feito, enseña la portada de la novela Lo que la nieve esconde, ganadora del último premio Desnivel de Literatura. Este premio no estaba previsto, pero la historia contada por Jon se merecía un premio ad hoc. Puedes leer su relato "Una noche sobre el mundo" en Grandes Espacios 195.

Galería Múltiplos de tres, de Gabriel Rodríguez García. Relatos del Balaitús

Galería De 0 a 3.000. Relatos Balaitús por Javier López Osa

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Galería Balaitús: un sueño. Relatos Balaitús

La respuesta fue sorprendente: casi medio centenar de relatos llegaron a nuestra redacción, y casi una veintena fue preseleccionada por el jurado. La elección de los tres relatos ganadores no fue sencilla. Finalmente, el jurado eligió los relatos titulados Pendientes y Adrenalina, de Pablo García Urquizo; Solo, de Gonzalo Cantos; y Sorpresa en el Balaitús, de Adriano Martín. También decidió premiar el texto firmado por Jon Pérez Feito titulado Una noche sobre el mundo. Como no había más regalos patrocinados, a Jon se le envió un ejemplar de Lo que la nieve esconde, la novela ganadora del último Premio Desnivel de Literatura que acaba de publicarse.

Estos cuatro relatos pueden leerse en el propio monográfico del Balaitús de Grandes Espacios, que ya está en la calle desde primeros de este mes. Al resto de lectores que enviaron su historia, les hemos pedido permiso para reproducirlas en nuestra web. Así que a partir de ahora, y hasta que se agoten los relatos, los iremos publicando suvesivamente. Como podréis comprobar, los hay de todo tipo y naturaleza, pero todos ellos, con independencia de su calidad y de su argumento, tienen algo en común: son fruto de experiencias muy personales e íntimas.

Todos los relatos (todos los días un relato nuevo)


Balaitús: un sueño, el mejor hotel, las mejores vistas. Fran Rodríguez

Finales de agosto de 2010. Cenamos en Senegüé con dos amigos. Hacemos sobremesa. La noche que se nos espera  y el día siguiente, nos llevan un estado de nerviosismo nuevo. Les comentamos nuestros planes: subiremos a Balaitús de noche, para llegar amaneciendo a cima…

-¡Estáis locos!, nos dicen.
Nosotros lo llevábamos rumiando hace tiempo. Balaitús…nocturno…
Parking de la Sarra. Cargamos con saco, esterillas y comida. No sabemos cómo nos vamos a encontrar ni  dónde vamos a dormir…ni cuándo.

2 de la mañana. Comenzamos a andar. Pasamos el paso del Onso, el desvío a los lagos de Arriel, y avanzamos siguiendo la senda ayudados de nuestros frontales.
Es fastuoso llegar de noche al lago de Arriel medio y contemplar con la penumbra de la luna el hermano menor: el fantasmagórico Palas.

Nos dirigimos hacia el ibón Chelao…lo localizamos…empiezan a pesar el cansancio, sobre todo de no dormir, y perdemos los hitos para equivocarnos e ir a parar al Coll Noir… La cabeza está embotada tras cuatro horas y media de esfuerzo de noche… dan ganas de abandonar.

Bajamos y nos reencontramos con las trazas… Llegamos al abrigo Michaud. Dejamos parte de nuestro equipaje, saco, esterillas, comida y nos encaramamos a la Gran Diagonal. ¡Cuántas veces de pequeño me imaginé en los mapas de Alpina discurrir por aquella vía colgada al abismo, que en aquellos momentos pisaba! La emoción era alta, pero había que extremar precauciones. Piedra suelta, caída a Larribet, trepadas…

La salida por esa vira rojiza a la parte cimera cuando ya se avista el trípode, con el sol de las 9 de la mañana, en absoluta soledad…selló un mar de sensaciones en mi mente que no olvidaré nunca. Me abracé a mi compañero, como en ninguna de las anteriores cimas compartidas. Sueño cumplido.

Bajamos al abrigo Michaud. Almorzamos. 12 de la mañana…
-¿Cuánto nos costaría ir y volver a las Frondellas?, me pregunta Víctor.
-Unas cinco horas…
-¡Vamos!

Pero esa es otra historia que acabó a las 5 de la tarde en el mismo lugar de la anterior conversación, con el cansancio y a la vez satisfacción más grande experimentado en ninguna de nuestras anteriores aventuras.
Tras diez horas de sueño ininterrumpido, aprendimos a andar de nuevo para volver a La Sarra.
El Balaitús siempre será nuestro sueño hecho realidad y el abrigo Michaud, para nosotros, el mejor hotel, con las mejores vistas.

De cero a tresmil, de Javier López Osa

Tras tres veces de intentarlo en solitario, el viernes 13 de septiembre de 2013 sobre las 8:30 ("un día de buena suerte") asciendo al Balaitús por la Diagonal, en solitario.

No sabía muy bien qué hacer estas vacaciones; además no disponía de coche por lo que decidí abrir el libro de Sergi Lara sobre la HRP y empezar la ruta desde Hendaya (yo vivo cerca). Mi plan inicial era terminar en Pombie (primer bloque) y que alguien me recogiera en Portalet. Cuando se aproximaba la salida pensé... ¿Y por qué no alargo una etapa más hasta los lagos de Arriel y ataco el Balaitús?...¡Sería bonito, subirlo desde los cero metros de la playa de Hendaya!

La montaña manda. Así que pensé, bueno, Dios dirá. Salí de Hendaya con la única idea de llegar al final de esa etapa... y así día a día...Tuve varios días malos, meteorológicamente hablando, pero el jueves 12 y el viernes 13 fueron espléndidos de la muerte. Dos días que disfruté como no lo había hecho hacía mucho.

La primera vez que intenté la Diagonal, la primera vez que llegaba a los Arrieles, no miré el mapa, seguí unos hitos que me llevaron al Frondiellas por la normal. La segunda vez, tras pasar el abrigo Michaud y llegar al collado anterior a la Diagonal, seguí unos hitos que me llevaron a una vía que no podía ser la Diagonal, me asusté, no lo vi claro y me di la vuelta. La tercera vez, hizo muy malo y un poquito más adelante del Michaud (no se veía nada) me di la vuelta. Me dije que nunca más volvería a esta ruta maldita... Me equivoqué.

Y entonces, el Jueves 12 de septiembre de 2013, tras comer un plato de pasta y tomar un gran café en el refugio de Arremoulit intuí que el día siguiente iba a ser mi día. Al tener todo el tiempo del mundo, con mis once kilos de mochila, decidí que esa noche iba a dormir en el abrigo Michaud (anteriormente siempre lo había hecho en Arrieles o en La Sarra), que me hacía ilusión ¡¡¡jodé!!!, también decidí que iba a subir a cima un queso que iba a regalar a mis amigos de Jaca que iban a venir a buscarme a Sallent. También decidí que iba a arreglar los hitos desde Arrieles a cima... y en eso pasé la tarde. Llegué a Michaud y contemplé un bello anochecer. Tenía saco de verano, así que decidí montar mi tienda ultralight, para no pasar frío. Menos mal porque la temperatura bajó a 6ºC. Dormí bien. Subí sin contratiempos, arreglando algún hito que otro y puse el queso en la cima sobre las 8:30. Bajé pensando en el bocata con longaniza que había comprado en Candanchú... y ¡no estaba!... o me la robaron o lo perdí. Comí pan seco, un poco chocolate y feliz bajé pensando en la próxima parada en Arrieles para refrescarme un poco. Arrieles siempre está bonito (qué gran lugar para acampar).

No hace falta ir a lugares lejanos para disfrutar de lo lindo. A veces lo más hermoso está cerca de nosotros... mejor dicho dentro de nosotros.


 

Múltiplos de tres de Gabriel Rodríguez García

Apenas ha amanecido cuando los seis empezamos a andar en el embalse de la Sarra por el GR-11 que discurre paralelo al Aguas Limpias y lleva hasta el refugio de Respomuso. Mucha gente prefiere hacer noche allí, pero nosotros hemos elegido la opción de subir en el día, así que más adelante nos desviamos a la izquierda, camino de los ibones de Arriel, en un brusco giro que nos hace afrontar directamente la pendiente.

El camino se despista mientras remontamos el torrente, que tenemos que cruzar un par de veces. Pronto estamos por encima de los 2.000 metros. Desde el collado que da acceso a los ibones vemos la silueta del Balaitús como una oscura fortaleza. Solo hace dos días, desde la cumbre cercana de Midi d'Osseau, hemos inspeccionado la ruta de la Gran Diagonal, por la que pensamos ascender.

Perdemos algunos metros para rodear el embalse. Tres de nuestros amigos, seguirán desde allí el camino que lleva al refugio de Respomuso, mientras nosotros cruzamos hacia los ibones por varios puentes de nieve apretada que aún se mantienen firmes. A pesar de estar a mitad de julio, queda una buena cantidad de nieve en la montaña. Siempre que cruzo sobre uno de estos puentes horadados por una buena huella, me pregunto a mí mismo cuándo se hundirán y si habrá alguien encima cuando eso suceda, y calculo mentalmente probabilidad, baja pero no nula, de que sea yo ese afortunado; de todos modos, aprieto el paso para llegar a tierra firme cuanto antes.

Los ibones parecen profundos ojos azules que se abren en un inmenso rostro blanco. No tardamos en necesitar los crampones para subir por una pendiente de nieve en la que nos metemos por error por encima del ibón Chelau.

Avanzamos rápido sobre una lengua de nieve compacta que se estrecha y empina hasta convertirse casi en un corredor. Caen algunas piedras y en la parte final echamos en falta un segundo piolet, pero pronto enlazamos con la Gran Diagonal y comenzamos a trepar sobre la roca lavada por el agua.

Son las tres de la tarde cuando nuestro trío alcanza el trípode situado en la amplia cumbre del Balaitús, logrando así el tercer tresmil de las vacaciones. Nos recibe un viento intenso y cálido que nos hace sentir como si cabalgáramos entre la vasta llanura francesa y el valle de Tena.

 

 

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Información relacionada

  • Revista Grandes Espacios nº194

    En este número: NOTICIAS  • QUIOSCO • NOTICIAS DE EMPRESA • TEST DE MATERIAL • ESCAPADA: BOSQUES DE GALICIA IV • ESPECIAL BALAITÚS • PREMIO DE LITERATURA DESNIVEL • NOVEDADES DE MATERIAL

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