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MARRUECOS

Ruta por los oasis verdes del Jbel Sarho, en el Sáhara Occidental

Ni verdadero desierto ni auténtica montaña, el Jbel Sarho es mucho más que un austero macizo pétreo situado en el extremo del Sáhara. El Sarho es en esencia un gigantesco territorio poco conocido y salpicado de oasis verdes donde casi todo está por descubrir. Insólitos desfiladeros y planicies lunares de sombrías rocas eruptivas y aldeas discretas de acogedores habitantes esperan a los andarines del desierto.

Laurent LAFFORGUE / Regard d’Isard - Martes, 21 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 10:23h.

El Sarho es en esencia un gigantesco territorio poco conocido y salpicado de oasis verdes donde casi todo está por descubrir
El Sarho es en esencia un gigantesco territorio poco conocido y salpicado de oasis verdes donde casi todo está por descubrir

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  • Ni verdadero desierto ni auténtica montaña, el Jbel Sarho es mucho más que un austero macizo pétreo situado en el extremo del Sáhara. Ni verdadero desierto ni auténtica montaña, el Jbel Sarho es mucho más que un austero macizo pétreo situado en el extremo del Sáhara.
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¿Se acabará algún día esta llanura abrasadora? Hace ya unas cuantas horas que arrastramos los pies bajo un sol de justicia y un cielo desesperadamente transparente y azul. Ojalá que las nubes hicieran su aparición en el horizonte. Desde que salimos del pueblo de Aït Yaoul y del acogedor albergue de Ben Ali, no hemos encontrado un alma.

Ante nosotros, la única referencia que procuramos no perder de vista es la nube de polvo que levantan las mulas que acarrean nuestros pesados petates, avanzando dócilmente a pequeños pasos como para economizar al máximo sus fuerzas. La reverberación del sol es tan intensa que del suelo emanan vapores de calor que dan la impresión de mantener la superficie terrestre en perpetuo movimiento; tenemos la impresión de caminar sobre la Luna o incluso sobre Marte, dado el color rojizo de la tierra. En cualquier caso, nuestro entorno es francamente hostil y la austeridad caracteriza nuestro primer contacto con el Jbel Sarho.

Calmar la sed

El primer pozo que encontramos en nuestro camino está completamente seco y de manera casi automática cada uno se aplica a racionar el agua de su cantimplora. No cabe duda, estamos caminando en el país de la sed.

Por fin llega un momento en que abandonamos la llanura y comenzamos a ganar altura entre las colinas. El paisaje es menos monótono y al cruzar un collado, lo que era impensable hace unas horas se hace realidad: una mancha verde de la que emergen almendros en flor está anclada en el fondo de un valle. Esta panorámica, irreal a primera vista, ilumina nuestra mirada y nos invita a dirigir nuestros pasos hacia ella, sentarnos a la sombra de uno de sus árboles y comer las delicias que nos ha preparado Mimoun, nuestro cocinero.

Antes de proseguir hacemos una visita a un pozo de agua, rito que vamos a repetir a lo largo de nuestra estancia en este país de sol. Un pellejo atado a una cuerda y sujeto a una polea permite extraer un agua límpida aunque con frecuencia tibia. Un trozo de tela o una red muy fina están siempre a disposición de los usuarios del pozo para filtrar las posibles impurezas. En el Jbel Sarho, el caminante aprende muy pronto que el agua es un bien escaso y un recurso verdaderamente precioso; si algún día desapareciera, sería una catástrofe para el puñado de habitantes del macizo.

Las escasas casas de piedra y adobe están habitadas permanentemente por una etnia de bereberes mañosos que han transformado el paisaje: las paredes de piedra que han levantado sirven para asentar terrazas regadas por un ingenioso sistema de canales. Aunque se cultiva principalmente trigo, almendros y algunos melocotoneros ocupan un puesto muy honroso. Los minúsculos oasis como el que nos sirve de alivio en este momento facilitan a los habitantes de las montañas lo esencial para vivir; unos rebaños de cabras y algunas gallinas contribuyen a variar su dieta.

Primera noche

Hemos instalado nuestro primer vivac en un lugar conocido como Titrit. En realidad, no existe ningún pueblo cerca de él y tendremos que subir una elegante colina para descubrir un panorama espléndido con el macizo nevado del M’Goum como telón de fondo, uno de los puntos culminantes del Alto Atlas. Al día siguiente el paisaje adquiere un aspecto más montañero: los valles se estrechan cada vez más y después de haber atravesado un desfiladero muy curioso, una nueva meseta nos acerca a los contrafuertes de Amalou n’Ouchene, un macizo de tonos rojos y negros.

Unas paredes magníficas atraen nuestra mirada del alpinistas en busca de hipotéticas vías de escalada. Después de pasar por el amplio collado rocoso de Tizi n’Tagmout, llegamos a Tagmout, pintoresco pueblo de casas diseminadas cerca de las cuales montamos nuestro segundo campamento. Hoy el sol brilla por su ausencia y unos feos nubarrones descargan unas cuantas gotas de agua. Estamos un poco decepcionados, al contrario de los habitantes de aquí que esperan con ansiedad la lluvia que les ayude a regar sus cosechas. Nuestra intención es acercarnos hasta los contrafuertes meridionales de Keftent, una cumbre plana pero rodeada de paredes lisas. Muy pronto, una verdadera tormenta nos obliga a abandonar este proyecto y nos damos media vuelta buscando la protección de nuestras tiendas. La tan ansiada lluvia y un viento huracanado nos hacen compañía toda la noche.

Órganos de basalto

El cielo está completamente azul al día siguiente pero la temperatura ha bajado. Como suele ocurrir en el desierto después de la lluvia, la visibilidad y la luz son excelentes, una suerte para los fotógrafos. Al dejar Tagmout recorremos elegantes montañas de rocas verdes: ¡Vaya contraste con el color del entorno! Finalmente descendemos por un prolongado valle en cuyo extremo encontramos el pueblo de Assaka n’Aït Ouzzine.

En un primer momento pensamos quedarnos aquí pero los arrieros nos explican que más adelante hay más pueblos. Finalmente es en la aldea de Tajalajh, rodeados de un montón de niños sonrientes, donde plantamos la tienda berebere. «Caramelos, bolígrafos», aquí tampoco podemos escapar a los caprichos habituales de los niños. Una puerta se abre y detrás aparece un rostro curtido que nos invita a tomar un té. No crece casi nada en estas tierras áridas, pero los bereberes cultivan un increíble sentido de la hospitalidad.

Abandonamos Tajalajh cansados, pues los perros no han dejado de ladrar toda la noche delante de nuestras tiendas y apenas hemos conseguido dormir. Los desfiladeros siguen estrechándose y giran en todos los sentidos. Al salir de un amplio cañón nos topamos con Akerkour, pueblecito construido sobre una pequeña meseta. En un recodo del camino vemos surgir una batería de pitones rocosos: los ansiados órganos basálticos del Jbel Sahro. Esta prodigiosa visión es un estímulo que nos empuja a acelerar el paso hasta Berkik, caserío rodeado de murallas plantado en medio de una inmensa meseta. Las columnas de basalto próximas al pueblo atraen nuestra atención y suponemos que podrían trazarse itinerarios de escalada.

Las distancias engañan en esta meseta sin límites y tardamos casi una hora en llegar hasta la base de las murallas rocosas. Éstas tienen una composición caprichosa, a base de conglomerado poco seguro. Sin embargo, las partes más inclinadas son también las más sólidas. Probablemente, el escaso agua que cae elimina de la pared las partes más débiles y la hace más compacta allí donde discurre más deprisa.

Integramos de nuevo la caravana a la altura de un collado desde el que se domina la meseta de Ihrazoun n’Imlas. En cualquier lugar, de las llanuras emergen columnas de basalto que en su mayoría parecen inaccesibles. Al ponerse el sol el paisaje se convierte en un espectáculo dantesco pues las rocas adoptan colores anaranjados. Después de pasar una buena noche nos ponemos de acuerdo para explorar las rocas que localizamos la víspera.

Amplios pasillos donde hay que utilizar las manos son las únicas brechas de la roca que permiten llegar hasta la cumbre. Pasamos el resto de la jornada recorriéndolas, buscando el mejor lugar para contemplar el paisaje marciano a la puesta de sol. Desde nuestro nido de águila observamos los signos de vida que hay en la estepa árida: allá, una caravana de camellos desaparece tras un collado; acá, un rebaño de cabras se amontona en torno a un pozo; próximo a la aldea, un pastor reúne a sus ovejas en el corral comunitario…

Encuentros con nómadas

Desde Irhazoun caminamos por el cauce seco de un río que se dirige al norte. En algunos tramos se forman charcas en las que podríamos bañarnos pero, desgraciadamente, el agua está helada y nos quedamos mirando a las ranas con envidia de humanos frioleros. Al final de una inmensa llanura aparece una sólida aguja que los lugareños conocen como la Tête du chameau (Cabeza de camello). Decidimos hacer un alto en Igli y dedicarnos a explorar a conciencia el macizo. Prácticamente no existen pueblos, si exceptuamos algunas aldeas diseminadas por las montañas.

Sin embargo, encontramos muchos hombres de la tribu de Aït Atta, nómadas que emigran hacia el Alto Atlas en verano. Ahora, en el mes de marzo, viven con sus rebaños en el macizo, alojándose en grutas o en tiendas de campaña. La vida parece no haber cambiado para ellos desde hace siglos. El encuentro con estos nómadas es sorprendente y enriquecedor.

Localizamos por encima de Igli una especie de desfiladero que permite coronar varias columnas de basalto suplementarias y pasamos una nueva jornada explorando la zona bajo la atenta mirada del joven Mohamed que no tarda en convertirse en nuestro guía. Vamos intimando cada día un poco más hasta el punto de que un día viene a vernos en compañía de una parte de su familia que parece encantada de ver extranjeros es esta región tan remota. Mohamed nos regala unos huevos duros, gesto que nos parece harto generoso, y nosotros le damos mosquetones y un trozo de cordino que le serán muy útiles para transportar los montones de leña que trae desde muy lejos hasta la gruta donde vive.

Abandonamos Igli por un sendero que desciende a media ladera y de nuevo encontramos un grupo de nómadas con los que intercambiamos algunas palabras gracias a Mimoun que nos sirve de intérprete, aunque no comprende todo lo que nos dicen los nómadas. Zora, una chica un poco arisca acepta que le hagamos una foto a cambio de una barrita de chocolate. La larga etapa finaliza en una antigua fortaleza cuyos muros nos procuran una intimidad particular. Esta noche compartimos cantos y bailes con nuestro equipo de arrieros. Sin estos hombres admirables la exploración de este macizo hubiera sido más errática que entrañable.

El regreso a Kelaâ se hace largo y cuando cruzamos de nuevo estas planicies desérticas volvemos a contemplar de lejos las columnas basálticas. También pensamos en el pequeño Mohamed que quizás un día vuelva a encontrarse con la pequeña Zora que vive en otro valle. Puede que hasta funden una familia y perpetúen este frágil nomadismo, al menos mientras haya agua en los pozos.

Guía del viajero

UNA PUERTA HACIA EL INFINITO

Ni verdadero desierto ni auténtica montaña, el Jbel Sarho es mucho más que un austero macizo pétreo situado en el extremo del Sáhara.

Geografía
Marruecos es cada día más visitado por los aficionados al trekking. El destino más visitado es el Alto Atlas, una cadena montañosa de 800 kilómetros de largo y 100 de ancho, con el Toubkal (4.167 m) y el M’Goum (4.071 m) como puntos culminantes. Más al sur, el Anti-Atlas es una zona intermedia que ronda los 2.000 metros de altitud. Antes de llegar a las llanuras del desierto encontramos algunos desconocidos y prometedores macizos como el Jbel Sahro y el Jbel Siroua.

Información
Oficina de Turismo de Marruecos (Madrid). Tel: 915 412 995. www.turismomarruecos.com. • Club Marocain de la Montagne (Marrakech). Tel: 024 30 70 48*. Correo electrónico: fssm-bio@cybenetnetma. • Club Alpin Français (Rabat). Tel: 022 27 00 90. * Cuando se llama desde fuera del país hay que marcar 00 212 y eliminar el primer 0.

Época del año
Para el trekking del Jbel Sarho, la mejor época es entre diciembre y marzo o entre octubre y noviembre. Las temperaturas bajan por la noche (incluso bajo cero). Si se realiza el viaje en automóvil en invierno, la ruta del Alto Atlas desde Marrakech puede estar cortada. Para estar seguros de llegar, lo más prudente es pasar por Ouarzazate, situado al oeste del macizo.

Cómo llegar
Si se dispone de tiempo suficiente, se puede ir en automóvil hasta Marruecos. Para las pistas que nos acercan hasta el Jbel Sarho es aconsejable un todoterreno. Si el tiempo no sobra, lo más rápido es ir en avión y alquilar un coche después; existen compañías en la mayoría de ciudades e incluso en los hoteles. Si se va al Jbel Sarho por primera vez es muy aconsejable contratar un conductor que conozca la región.

Formalidades
Pasaporte con una validez mínima de seis meses.

Moneda
La moneda nacional es el dirham(1 euro equivale a 10,90 dh). En los hoteles y en las tiendas de las ciudades más grandes se aceptan tarjeta de crédito y euros. Conviene tener dirham para propinas y compras cotidianas.

Salud
Ninguna vacuna es obligatoria, pero es recomendable tomar precauciones contra la hepatitis A, B, la fiebre tifoidea y la rabia. Conviene no beber agua del grifo ni siquiera en las grandes ciudades y, por supuesto, hervirla si se ha cogido en pozos. Se puede comprar agua embotellada en todos los pueblos. Serpientes y escorpiones pululan en el macizo; no está de más echar un vistazo al interior de las botas por la mañana antes de ponérselas.

Organización del transporte
Es posible realizar estre trekking en autonomía, pero es preferible contratar a una empresa de la zona y conseguir que se adapte a nuestros deseos. Para un grupo de cinco a seis personas basta con alquilar un vehículo todoterreno con conductor, un guía, arrieros y un cocinero. El mejor contacto en la zona es Mohamed Achahri/Douar Iskatafen. Ait Bouguemes. Tabant. Azizal. Marruecos. Tel: 023 45 93 27.

Consejos
Derrochar agua está muy mal visto así como la desnudez, sobre todo de las mujeres. Es conveniente pedir permiso para poner el campamento cerca de un pueblo e informarse antes sobre el lugar elegido: lo que a primera vista parece una área tranquila puede ser un pastizal para el ganado. No dejar basura en el campamento y cuidar de que nadie la deje: arrieros y cocineros no son muy sensibles a los problemas de limpieza medioambiental. No dar nunca dinero para no estimular la mendicidad, salvo en pago de algún servicio. No hacer fotos a la gente a menos que estén completamente de acuerdo.

Recorrido
Hay que disponer de quince días, contando viajes  en avión y transporte en todoterreno para realizar este trekking. En Ouarzazate dirigirse hacia el valle de Dadès hasta Kelaâ M’Goum (169 km) y desde allí tomar la pista de Aït Youl, arranque del recorrido, donde encontraremos numerosos albergues.

Descripción de las etapas

  • Etapa 1 Aït Youl-Titrit 

Duración: de 3 a 4 h. Desnivel: 100 m. Dificultad: ninguna; basta con seguir una pista ancha que se transforma en sendero al acercarse al collado.
Salir de la aldea y seguir la pista que va hacia el sureste hacia el Jbel Afoughal (2.196 m). Cruzar la gigantesca meseta, superar un collado a 1.525 m y bajar hacia Titrit (1.500 m) donde encontraremos un minúsculo oasis.

  • Etapa 2 Titrit-Tagmout

Duración: de 5 a 6 h. Desnivel: 500 m. Dificultad: ninguna.
El itinerario sigue por el fondo de un valle profundo a los pies del Jbel Afoughal, pasa por un cañón y atraviesa una nueva meseta que finaliza en los contrafuertes del Jbel Tadaut-n-Aït Ouzzine. A partir de aquí hay una sucesión de subidas y bajadas hasta el collado de Tizi-n-Tagmout (2.000 m). El descenso es coser y cantar hasta el pueblo de Tagmout que se puede ver a nuestros pies.

  • Etapa 3 Tagmout-Tajalajh

Duración: de 3 a 4 h. Desnivel: 200 m. Dificultad: ninguna; podría ser sólo media etapa, pero merece la pena visitar los pueblos por los que se pasa.
Atravesar en dirección este una extensa meseta rodeada de montañas de color verde y bajar a un gran valle donde encontraremos los pueblos de Assaka-n-Aït Ouzzine y Tajalajh.

  • Etapa 4 Tajalajh-Irhazoun

Duración: de 5 a 6 h. Desnivel: 150 m. Dificultad: ninguna, pero la distancia es mayor de lo que parece.
Conviene dedicar una jornada a explorar las agujas y montes de los alrededores. Seguir una pista que discurre por los desfiladeros, atraviesa el cauce seco de un río y pasa por Berkik. Al dejar atrás el pueblo orientarse hacia el noreste y atravesar la gigantesca meseta de Irhazoun, dominada por imponentes columnas de basalto. Es una de las etapas más interesantes del trekking. Salvar el collado y bajar al pueblo de Irhazoun donde encontraremos un acogedor oasis.

  • Etapa 5 Irhazoun-Igli

Duración: de 4 a 5 h. Desnivel: 300 m. Dificultad: ninguna; se puede dedicar la tarde para explorar la montaña de la Tête de Chameau o descubrir los laberintos entre las agujas de los alrededores de Igli.
Salir hacia noreste por un amplio valle que se va estrechando y desemboca en una meseta desértica. Una larga caminata en dirección norte permite alcanzar el minúsculo oasis de Igli donde encontraremos algunas casas. El lugar es magnífico y los habitantes deparan un caluroso recibimiento.

  • Etapa 6 Igli-Trhissi (ruinas de kasbah)

Duración: de 5 a 6 h. Desnivel: 400 m. Dificultad: ninguna.
Al salir de Igli, pasar por la parte sur de la Tête du Chameau e iniciar un largo descenso a media montaña hasta cruzar un riachuelo refrescante. Se llega hasta el pueblo de Berkou, lugar ideal para hacer un alto en el camino y comer. Continuar por el fondo del valle hasta el lugar conocido como Trhissi (1.625 m) donde encontramos un oasis y las ruinas de una antigua ciudadela.

  • Etapa 7 Trhissi-Kelaâ m’ Gouna

Duración: de 8 a 10 h. Desnivel: 600 m. Dificultad: etapa larga que puede dividirse en dos.
Un sendero zigzagueante nos permite ascender hasta el collado de Tizi n’Tmirhcht (2.200 m). Atravesar la llanura y salvar otro collado (Tizi n’Irhouj) para bajar a otro valle corto pero inclinado donde encontraremos algunas casas y pozos de agua. Aquí es donde podemos decir que abandonamos las montañas de Jbel Sarho, pues comienza la travesía de una extensísima planicie hasta Kelaâ M’Gouna.

19 rutas a pie por el Rif

Trekking Marruecos Parque Nacional de Talassemtane - Chefchaouen

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