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775 KILÓMETROS SIGUIENDO EL RÍO

Camino Natural del Guadiana

El origen del río Guadiana es uno de esos enigmas que nos alegraron los días de escuela y nos hicieron soñar con profundos agujeros y kilómetros de misterioso viaje subterráneo a lo Julio Verne.

Martes, 7 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 10:03h.

En los Ojos del Guadiana el agua aflora formando un rosario de lagunas que componen las Tablas de Daimiel
En los Ojos del Guadiana el agua aflora formando un rosario de lagunas que componen las Tablas de Daimiel (ANTONIO REAL HURTADO)

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  • En los Ojos del Guadiana el agua aflora formando un rosario de lagunas que componen las Tablas de Daimiel En los Ojos del Guadiana el agua aflora formando un rosario de lagunas que componen las Tablas de Daimiel

Las discusiones sobre el nacimiento del río Guadiana han llenado miles de páginas en revistas y libros, y aunque no hay una certeza científica contundente, se ha acordado que no hay un punto concreto, sino una cuna compartida por varios ríos y arroyos, una docena de lagunas y algunos acuíferos subterráneos. La discusión puede darse por zanjada, pero la expresión “ser como el Guadiana” para referirse a cualquier cosa que desaparece y reaparece de improviso ya forma parte de nuestra lengua.

Ahora está, ahora no está

Las lagunas de Ruidera se consideraron durante mucho tiempo la fuente del Guadiana, así que los técnicos del Ministerio eligieron la Laguna Blanca —la primera de las quince que forman este sorprendente humedal— para situar el arranque del Camino Natural del Guadiana. Después de acompañar al Guadiana Alto durante medio centenar de kilómetros, las aguas desaparecen tragadas por la tierra en Argamasilla de Arba, y habrá que atravesar kilómetros de campos en apariencia áridos para reencontrarse con ellas en los Ojos del Guadiana.

Allí, el agua aflora y forma un rosario de lagunas que dan forma a las insólitas Tablas de Daimiel. La palabra oasis es la más acertada para describir estas lagunas en el corazón de la reseca Mancha. Este contraste entre humedales y aridez es un sello de identidad del Guadiana, cuyas aguas se ven detenidas sucesivamente en los embalses de Puente Navarro y de Vicario, en la provincia de Ciudad Real, en el Cíjara, García de Sola, Orellana y Montijo, en la de Badajoz, y en el embalse portugués de Alqueva, el mayor de Europa.

Tal sucesión de “mares interiores” explica por qué la cuenca del Guadiana se ha convertido en un refugio botánico y de fauna, en la que sobresale una ingente cantidad de aves invernantes. El Guadiana es un río lleno de singularidades, y la primera es su nombre mestizo, que refleja el constante paso de diferentes civilizaciones por la península. Los romanos lo bautizaron como Fluminus Anae (“río de los patos”) y los árabes sólo se molestaron en cambiar la palabra fluminus por su equivalente árabe, uadi.

El tiempo y el uso hizo el resto para llegar a su nombre actual. Un catálogo interminable de testigos de ambas civilizaciones pueden encontrarse a lo largo del Camino Natural: puentes romanos como el de la antigua Emerita Augusta , la actual Mérida, balnearios, calzadas y villas romanas, fortalezas árabes como las de Peñarroya y Cuncos, o, ya más avanzada la Historia, castillos que tuvieron un papel importante en el tránsito hacia la Edad Moderna, como el de Medellín, fundamental en la Guerra de Sucesión castellana.

Desde Laguna Blanca hasta Villanueva del Fresno, donde el río se hace portugués, el Camino Natural se desarrolla de forma ininterrumpida. El viajero invertirá en cubrirlos unas cuarenta jornadas si va a pie, y la mitad más o menos si viaja en bicicleta. En Villanueva del Fresno, como si una metáfora del propio Guadiana se tratase, el Camino “desaparece” y aparece de nuevo cuando el río regresa de tierras lusitanas para convertirse en frontera entre ambos países, concretamente en la Casa Cuartel de Cañaveral, un antiguo cuartel de carabineros convertido en albergue. El itinerario continua cuatro etapas más por tierras onubenses hasta su punto final, la localidad de Ayamonte, donde el río vierte sus aguas en el Atlántico.

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