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Cordillera Cantábrica

Canal de Castilla por los caminos de sirga

Desde el siglo XVIII el Canal de Castilla recorre la meseta desde las estribaciones de la Cordillera Cantábrica hasta el corazón de Castilla. Hace mucho tiempo que dejó de servir para aquello para lo que fue construido: ser navegado por barcazas de transporte.

Dioni Serrano - Martes, 3 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 11:28h.

Canal de Castilla, Cordillera Cantábrica
Canal de Castilla, Cordillera Cantábrica (Dioni Serrano)

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Desde el siglo XVI se andaba dando vueltas al proyecto de unir los ríos Carrión, Pisuerga y Arlanza para comunicar las capitales de Castilla la Vieja pero las posibilidades técnicas de la época no hacían posible la empresa. Habría pues que esperar al siglo XVIII, para que el rey Fernando VI, convencido por el Marqués de la Ensenada, que conocía la red de canales de Francia, impulsara El Proyecto general de Canales de Navegación y Riego para los reinos de Castilla y León.

El plan consistía en unir por medio de varios canales, Reinosa con Segovia aprovechando los ríos Duero y Eresma. En 1753 comenzaron las obras en el sitio de Calahorra de Ribas a tan buen ritmo que un año después el canal llegaba ya hasta las inmediaciones de Paredes de Nava. Pero ese mismo año, a consecuencia de una grave crisis política, las obras se detuvieron y hubo que esperar un lustro para reanudarlas con el proyecto recortado.

La Guerra de la Independencia y la posterior Guerra Carlista volvieron a interrumpir la empresa. En 1828 las obras pasaron a manos privadas que se reservaron el derecho de explotar el canal durante los siguientes setenta años. Total, que cuando en 1849 se dio por finalizado el canal, el ferrocarril ya se había hecho casi con el monopolio del transporte. Después de tanto esfuerzo, el canal sólo disfrutó de una década de esplendor, con más de 350 barcazas navegando por sus 208 kilómetros, transportando productos hasta Alar del Rey, desde donde emprendían viaje por tierra hasta el puerto de Santander, y llevando hacia el interior del Reino los productos del exterior.

Esta frenética actividad atrajo a las orillas del canal a muchos empresarios que construyeron en sus márgenes molinos de harina y papel, batanes y pequeñas empresas metalúrgicas. Pero el canal había nacido herido de muerte y cuando en 1919 la explotación pasó de nuevo a manos del Estado, ya sólo se utilizaba para abastecer de agua a los pueblos cercanos y para regadío, actividades que todavía hoy cumple muy dignamente.

A ambos lados del canal discurren sendos caminos de sirga por los que caminaban las mulas que arrastraban las barcazas. Estos caminos han sido acondicionados y son un modo impagable de viajar a lo largo del canal, a pie o en bicicleta, y tomar conciencia de lo extraordinario de esta obra.

Tres ramales

Se habla del Canal de Castilla como una unidad, pero, en realidad, son tres canales que se unen (o separan) en El Serrón, lugar cercano a la localidad palentina de Grijota.

El ramal Norte, el más “antiguo” tiene su kilómetro cero en Alar del Rey; el canal de Campos lo tiene en la histórica villa de Medina de Rioseco; y el ramal sur en Valladolid. El viajero puede empezar su periplo en una de estas localidades o en cualquier otro punto al que se tenga acceso por carretera, que son muchos. Pero lo más sugerente es comenzar en Alar del Rey por ser el lugar donde recoge las aguas del río Pisuerga.

Allí se conservan, en la gran dársena, los antiguos almacenes donde se guardaban los productos que iban camino de Santander o los que esperaban para ser trasladados hacia el interior. Un centenar de metros al norte, en medio de un bucólico parque, un monolito señala la cuna del canal. Regresamos a la dársena para comenzar la marcha por el camino del margen derecho. La primera esclusa está en Barrio de San Vicente. Es ovalada y con un único salto, como todas las que se encuentran hasta Herrera de Pisuerga, a unos diez kilómetros de distancia.

A partir de la esclusa número 6, el camino es intransitable hasta el cruce con el río Pisuerga, 600 metros aguas abajo. Para cruzar el río podemos hacer dos cosas: desviarnos a Herrera del Pisuerga, o continuar por un sendero que se separa del canal y va a morir en el Centro de Interpretación del Canal de Castilla. En este lugar quizá podamos cruzar el río en el barco turístico que hace recorridos por este tramo.

 “Los caminos de sirga por los que caminaban las mulas que  arrastraban las barcazas han sido acondicionados y son un modo impagable de viajar a lo largo del canal, a pie o en bicicleta”

Si, por el contrario, nos decidimos por la opción de Herrera hay que abandonar el canal por la C-627 y luego continuar por el arcén de la N-611 hasta poco después del kilómetro 79. Allí, con sumo cuidado, hay que cruzar la carretera para incorporarnos de nuevo al camino del canal en la presa de San Andrés que utilizaremos para pasar a la orilla izquierda. Comienza aquí otro largo tramo hasta Osorno. Este sector es el que tiene mayor desnivel y por lo tanto, donde hay mayor número de esclusas.

La casa del esclusero de la esclusa 14 se ha acondicionado para convertirse en Museo de los Oficios del Canal. En el kilómetro 30 el canal supera un barranco por el impresionante acueducto de Abanades, que es la construcción de mayor envergadura de todo el canal. Cuatro kilómetros después se cruza la carretera de Osorno, un buen lugar para  avituallarse.

Pronto toparemos con la fábrica de harinas La Quince, denominada así por coincidir en su emplazamiento con la escusa 15. En el kilómetro 50 encontraremos la característica flecha amarilla del Camino de Santiago. Y es que la venerable ruta conecta aquí con nuestro canal y lo utiliza hasta Frómista. Por eso se dice que en esta localidad palentina se cruzan los caminos de la Fe y la Razón. Frómista es famosa por su iglesia de San Martín, uno de los más bellos templos románicos de nuestro país, y también por tener el sistema de esclusas más vistosos del canal. 

Seguimos el cauce por su margen izquierda hasta el puente del Gallo por el que se pasa al margen derecho. El camino se aleja un poco del canal para llegar al sitio de Calahorra de Ribas. Un monolito recuerda que aquí comenzaron las obras de esta inmensa empresa. El conjunto escalonado de esclusas es para quitarse el sombrero. Al lado se levanta la torre de una iglesia que perteneció a los Caballeros Templarios y que sirvió de vértice geodésico para hacer las mediciones de la obra. A sus pies se desarrolla un verdadero mare magnum fluvial.

En pocos metros el canal se cruza con los ríos Carrión y Pisuerga formando un laberinto acuático envuelto en una selva multicolor. Podemos continuar por cualquiera de los dos márgenes hasta el puente de Valdemudo, el primero en construirse para permitir el paso de la Cañada Real Leonesa. Una vez cruzado continuaremos por el margen izquierdo. Siete kilómetros más abajo está El Serrón done confluyen los tres canales: el ramal de Campos continúa por la derecha, y a la izquierda da comienzo el ramal Sur que llega hasta Valladolid. Además de un gran molino convertido en central hidroeléctrica, hay viejos almacenes, un muelle para las barcazas y una bella sucesión de esclusas.

Si continuamos por el ramal de Campos seguiremos por el margen izquierdo. A unos tres kilómetros está Villaumbrales donde se ubica el Museo del Canal de Castilla instalado en la llamada Casa del Rey. Pronto llegamos a Becerril de Campos, localidad declarada Bien de Interés Cultural. El recorrido es verdaderamente plácido al lado de la arteria fluvial. Casi sin darnos cuenta vamos dejando atrás Sahagún el Real y Paredes de Nava, cuna de los Berruguetes y del poeta Jorge Manrique. Pronto veremos unas compuertas sobre el canal, justo en el acueducto de tres ojos, sobre las aguas del río Retortillo que ve incrementado su caudal con las aguas canalizadas que, un poco más abajo, inundan la laguna de la Nava.

Este humedal, junto al de Villafáfila, en Zamora, es de los más importantes de Castilla y León. La inmensa torre de la iglesia de Fuentes de Nava, conocida como la Estrella de Campos anuncia desde lejos su presencia. En Abarca de Campos encontraremos la primera esclusa de este ramal junto a otras edificaciones típicas como la Fábrica de Harinas, que estuvo funcionando un tiempo como Centro de Arte Contemporáneo. Seguimos por el margen derecho hacia Capillas, que conserva restos de una muralla y una histórica fuente. Los pueblos que vamos dejando atrás apenas están habitados.

La sexta y la séptima esclusas se encuentran en un tranquilo y bello lugar que invitan al paseo. Desde aquí hasta Medina de Rioseco, la ciudad de los almirantes, es indiferente el margen que tomemos pues ambos son cómodos. Es fácil que en estos últimos kilómetros veamos surcar por las aguas del canal la embarcación Antonio de Ulloa.

Al final se abre la dársena más grande de todo el canal. Su fábrica de harinas y sus almacenes han sido convertidos en albergue turístico, y Centro de Recepción de Viajeros. Ramal Sur Si en vez de continuar hacia Medina de Rioseco optamos por seguir hacia Valladolid desde El Serrón lo primero que veremos será la triple esclusa 25-26-27 y unas instalaciones que muestran la gran actividad que hubo en el lugar: fábrica de harinas, almacenes, viviendas, etc… Podemos continuar por cualquiera de las dos márgenes hasta Grijota donde necesariamente hay que pasar al izquierdo.

En la esclusa 3 volveremos a cambiar de margen. El canal rodea Palencia por el sur, pero un ramal penetra hasta el corazón de la ciudad cuyo puerto tuvo mucha importancia en la época de apogeo del canal. Nuestro camino siguiendo el curso del agua discurre entre el Monte el Viejo y el río Carrión hasta Villamuriel de Cerrato donde hay que volver a cambiar de orilla. En el paraje conocido como Soto Alburez veremos el único conjunto de esclusas donde se combinan las esclusas ovaladas y las rectangulares. Es un lugar agradable donde será difícil no pararse a relajarse un rato.

Reanudamos la ruta, continuando por el margen izquierdo. Quedan seis kilómetros para llegar a Dueñas, otra localidad canaliega declarada Conjunto Histórico Artístico. Comienza aquí el tramo menos bucólico de todo el viaje, ya que el canal se abre paso entre la línea de ferrocarril y la autovía A- 62. Al incorporarnos al canal en Dueñas, podemos elegir entre uno u otro margen. El río Pisuerga y el canal van casi paralelos formando sotos habitados por una nutrida colonia de aves acuáticas. Ya estamos muy cerca de la ciudad de Valladolid, a la cual se entra por una gigantesca dársena integrada por completo en el casco urbano. Sus numerosas edificaciones son el reflejo de la actividad que en este lugar existió: talleres, almacenes, restos de maquinaria…

 

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