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PIRINEO CENTRAL

La Sur del Maupas, Tesoro granítico de Remuñé

Nos sacamos de la manga un as escondido y un tanto olvidado por los tahúres del Pirineo, la cara sur del Maupás, que con Margalida, Tempestades, Aneto y Maladeta conforma el repóquer de ases del valle de Benasque. Una extensa muralla de granito con su propia historia y carácter, que poco tiene que envidiar a sus compañeras de baraja.

Miércoles, 13 de Junio de 2007 - Actualizado a las 13:15h.

Vista del Aneto.<br>
Foto: darío Rodíguez/Desnivelpress.Vista del Aneto.
Foto: darío Rodíguez/Desnivelpress.

El macizo de Posets-Maladeta posee una de las mayores concentraciones de tres miles del Pirineo central repartidos a ambos lados del río Esera. En lo más alto de sus valles, tenemos en su margen izquierdo esos cuatro grandes colosos con sus paredes en las que gozar de la escalada en granito a cota tres mil, o de ascensiones invernales de considerable envergadura y compromiso debido a su considerable aislamiento.

En el margen derecho en cambio, las escaladas rocosas recorren mayormente largas aristas que enlazan elegantemente varios tres miles. Ahí están la cresta de Espadas o la del Portillón, listas para que nos anotemos cuatro o cinco tres miles en una jornada llegando a saborear hasta algún paso de cuarto grado. Un panorama donde no se vislumbran grandes paredes cortadas a plomo ni riscos importantes. Sólo una excepción destaca por su extensión y desnivel en la cabecera del valle de Remuñe, la cara sur del Maupás.

Pero no resulta tan conocida ni mucho menos visitada como sus compañeras del otro lado del Esera, seguramente por estar igual de aislada y por no contar con un vecino famoso como el todopoderoso Aneto. La cara sur del Maupás impone su verticalidad a lo largo de toda su barrera de más de un kilómetro, y sus itinerarios, por su parte, llegan casi a los 400 m de recorrido en algún punto de la muralla.

No existe una vía normal por el lado español, desde el collado del Boum hasta el de Cabrioules las posibilidades de ascensión pasan por el encordamiento y la utilización de material específico para una escalada de pared. Incluso el itinerario más fácil es bastante más que una simple trepada. Esta soleada pared inspira, a todo aquel que se precie como pirineísta, esa inexplicable necesidad de escalarla cuando la descubrimos al alcanzar las fuentes del arroyo de Remuñe. Y seguro que al culminar los 3.109 metros de su cumbre, tras escalar cualquiera de sus rutas, acudirán a nuestras mentes los mismos pensamientos: ¿Por qué nadie me habló antes de ella?, ¿Cómo no la he visto nunca en ninguna guía moderna de escalada?

HISTORIA

La cumbre del Maupás fue conquistada en el año 1825 por los oficiales geodésicos Peythier y Hossard, quienes ascendieron a lo largo de la accesible vertiente N, para establecer la triangulación, base del mapa de Francia escala 1 : 80.000 denominado "Mapa del Estado Mayor".

Las rutas de ascensión alternativas a la “Normal”, surgieron durante los primeros años del siglo XX, siendo las más significativas las dos aristas que separan las vertientes N y S. Los hermanos Cadier inauguraron la arista W desde el collado del Cabrioules en 1905, mientras que J. Haurillon y Rouyer lo hicieran con la E desde el collado del Boum en 1911.

Tras todo esto, hay que esperar hasta 1931 para que se trace el primer itinerario que supere la extensa muralla sur. Su autor no podía ser sino uno de los escaladores más fecundos de este periodo en los albores del pirineísmo de dificultad, Jean Arlaud, que ya contaba con primeras tan prestigiosas como la de la arista Salenques (1922), “Abadie-Arlaud” del Tempestades (1927), o el corredor que lleva su mismo nombre en el Posets (1927), demostrando un especial interés por las cumbres de este macizo pirenaico.

El 5 del julio de 1931 se adentra en las entrañas de esta inédita muralla con Jean Escudier y J. Pérez, y emprenden la escalada en el sector con más desnivel, a la búsqueda de una gran canal que se adivina como el punto más débil de todo el bastión. Este recorrido resulta ser hoy en día una escalada de escasa dificultad entre el tercer y el cuarto grado, pero que en invierno se transforma en una ascensión glaciar con interesantes resaltes de hielo. Tal vez en aquel lejano 1931 fuera ya una escalada mixta con secciones de nieve dura pese a realizarse en verano.

Después de esta primera, Arlaud se dirigió hacia el valle de Barrancs, donde cuatro años más tarde sucumbió ante la imponente cara E del Margalida junto a su habitual compañero de cordada P. Abadie. Con esta escalada, entre muchas otras en todo el Pirineo, Arlaud dejaba su firma en tres de estos cinco ases del macizo Posets-Maladeta.

La cara sur del Maupás tuvo no obstante que esperar trece años para volver a verse asediada por un nuevo itinerario. 1944 fue el año en que Maurice Jeannel y Estoup emprenderían su vía “Directa” justo en la vertical de la cumbre. El quinto grado aparecía ya en esta escalada que alcanzaba los 400 metros de desnivel, y atravesaba un portentoso muro rayado por una característica cornisa en diagonal en su parte alta.

No pasaría tanto tiempo hasta que la siguiente línea que pedía a gritos su ascensión se viera acechada, una profunda chimenea que parte en dos un espolón poco marcado que sobresale en la parte central de la muralla, el denominado Espolón Sudeste.

El valle de Benasque en invierno.
Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.El valle de Benasque en invierno. Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.

André Armengaud y F. Comet decidieron atacarla desde lo alto de los campos de nieve que yacen en el margen oriental de la base de dicho espolón, a primeros de octubre de 1950. El resultado fue una vía con menos metros de recorrido pero con un quinto grado más mantenido. A partir de este momento, cualquier escalador contemporáneo que conozca o se interese mínimamente por la historia del pirineísmo, se hará la misma pregunta: ¿Qué llevó a unos hombres en el año 1951 a elegir el sector presumiblemente más difícil de la pared para llevar a cabo su escalada, pudiendo elegir aún entre numerosas opciones mucho más asequibles?

Más difícil todavía es hallar una respuesta al observar las lisas y compactas placas que destacan a la derecha del espolón sudeste, aunque la verdad sea dicha, este escudo de granito resulta totalmente arrebatador para el corazón de un escalador ambicioso. Este fue el escenario escogido por François Céréza y Paul Comet para desarrollar una ascensión del todo innovadora y vanguardista a mediados del siglo XX. Una escalada de dificultad extrema para la época por su elegante concepción y rápida realización.

La mejor opción para justificar estos calificativos es recurrir a algunos de los comentarios del mismo Comet que se reproducían en la revista “Muntanya” en el número 34 de diciembre de 1954: "(...) él progresa, centímetro a centímetro, sin el menor error, sin el más mínimo signo de nerviosidad, sobre esta dalla, desprovista absolutamente de todo relieve, de toda grieta, apenas erizada con las diminutas asperidades del granito. (...) No veo de él más que las suelas de sus botas y aún tan separadas de la pared que parecen tan solo rozarla. No puedo asegurarlo y él lo sabe perfectamente. Sabe también que la retirada es ya prácticamente imposible. (...)¡Ya está! Un tintineo claro hace vibrar todo mi ser. En una posición inverosímil, François coloca una clavija en la grieta. (...)No hay estrictamente nada serio donde sujetarse. Pequeñas presas para las uñas y simples rugosidades tan solo para las puntas de nuestras suelas “Vibram” (...)François encuentra una hendidura donde colocar otra clavija. El martillo baja de golpe los 35 metros de cuerda que nos separan (...)Mis dedos buscan en vano algo a que suspenderse. Mis botas arañan nerviosamente la pared, sin encontrar nada que las detenga. No puedo evitar preguntar a gritos: “¡Eh!, ¿cómo lo has hecho?” (...)François, la cara rígida por el esfuerzo, tira con todas sus fuerzas de la cuerda para disminuir en lo posible la carga sobre la clavija. Nuestras dos vidas están ligadas a este instrumento. El menor choque sería el fin de todo, la caída hacia el valle (...)Unas pequeñas dificultades aún y una chimenea herbosa nos conduce a la cumbre, en la cual llegamos exactamente a las dos horas y media de haber iniciado el ataque a la pared (...)"

En los antecedentes de F. Céréza, quien llevó el mando en esta aventura, encontramos la huella de un aperturista clásico en el Gran diedro del pic d’Espijeoles por ejemplo, pero también la de un visionario que ya en el año 48, desenvolvía en la cara norte del mismo Maupás un itinerario con dificultades de VIº y A2. La realidad de estos cometidos obliga a catapultarlo entre los pioneros de la dificultad extrema de la época, y a definir su vía de la cara sur como la precursora de la escalada de adherencia y exposición en el granito pirenaico.

CConseguida sin pies de gato, sin expansiones, y en dos horas y media! ... muchos años antes que la norte del Vignemale o el Pilier de l’Embarradère fueran vencidas. Sin duda, la gran olvidada en el libro de las cien mejores de Patrice de Bellefon. Otro paréntesis de diecisiete años transcurrió hasta que L. Audouberd y G. Panozzo rompieran el letargo con un nuevo itinerario por la menos explorada mitad derecha de la pared, situado ciento y pico de metros a la derecha de la placa Céréza. Con esta visita llegamos al año 68 al lento ritmo de casi una vía por década y bajo el único liderazgo de las cordadas francesas.

El panorama cambiará en la década siguiente, gracias a la aparición de unos inquietos catalanes que en el año 74 suben por el valle de Remuñe con la intención de repetir precisamente la “Andouberd-Panozzo”, y una vez alcanzada su segunda reunión, se ven sorprendidos por una inesperada lluvia que los retendrá un buen rato. Tras escampar, comprueban la dificultad de continuar por el lugar indicado debido a la humedad, pero ven factible proseguir la escalada hacia otra dirección a través de la cual tomará forma la vía “STAE”.

Sus autores son Josep Parés i Jordi Lluch. A destacar la actividad de este último, quien a partir de este mismo año iniciará una exhaustiva campaña de primeras en la sur de la Maladeta. Otro par de catalanes miembros del CADE se ven atraídos dos años más tarde por otra de esas líneas indiscutibles que aún permanece virgen.

Aprovechando un permiso del servicio militar, Emili Albir y Joan Badia expanden una vez más las siglas de su colectivo, en otra gran chimenea existente entre la vía “Arlaud” y la chimenea del espolón Sudoeste. Completarán sus días de premiso con otras dos primeras ascensiones al pico Boum y al pico de Remuñe junto con su compañero Jaume Bonaventura.

El relevo sigue a principios de los ochenta por parte de Francisco Díez y Joan Agut, procedentes de Madrid. La intención inicial es también en este caso repetir una clásica, pero a principios de temporada del año 83, la vía Jean-Arlaud es una auténtica cascada de agua debido al deshielo del plató somital, por lo que deciden realizar una nueva línea a su izquierda que bautizarán como “Primavera”. Esta es la primera de las cuatro vías que se abrirán en los años ochenta. Al año siguiente, cuatro distinguidos escaladores catalanes de esta época, acuden al valle de Remuñe con ánimos de dejar su huella, y lo hacen en las fitas de Pintrat, y también como no, en la sur del Maupás. Josep Lluís Moreno y Josep Lluís Sasot abren “Lobo Estepario”, un recorrido paralelo a la derecha de la “Directa” en el que dejan clavados como curiosa referencia algunos ángulos de estantería metálica.

Según sus primeros repetidores, hay que prestar atención a los quintos y a los sextos reseñados en esta vía, dada la filosofía de la época entorno al misticismo aún vigente del sexto grado. Por otro lado, Juan Tomás y Éric Promio enlazan en diagonal de izquierda a derecha unos llamativos diedros en la mitad oriental de la pared dando lugar a la vía “Dolce Vita”. Cerrará la nueva actividad de esta década Gustavo Máñez en agosto de 1987, quien se adjudica la primera apertura en solitario de la pared, a lo largo de la arista-espolón que delimita la gran canal de la vía Jean-Arlaud por la izquierda. El autor llamó “Ilbera” a este nuevo itinerario que en principio dejó desequipado, aunque más tarde, él mismo regresó para equipar las reuniones con expansiones.

Cabe destacar también a este fructuoso escalador, como autor de otras muchas primeras repartidas a lo largo y ancho de todo el valle de Remuñe y alrededores. Estos han sido los años en que la mayoría de las codiciadas paredes de Pirineos han acogido las últimas grandes vías de dificultad por parte de escaladores de vanguardia y que, al mismo tiempo, vislumbran trazados aún elocuentes dentro del marco de la lógica y la elegancia. Muestra de ello son las numerosas vías de Jesús Gálvez en el valle de Ordesa, y otras tantas de escaladores españoles y franceses en la cara sur del Midi d'Ossau.

Más allá de esto, las nuevas generaciones habrán de dejar su rastro dando rienda suelta a la imaginación en forma de rigurosos itinerarios en libre y artificial, pero que no llegarán a ser unas líneas muy definidas de entrada. En nuestro caso, la lejanía, el olvido y la escasa divulgación de la actividad en la cara sur del Maupás, junto a sus enormes dimensiones, conceden una oportunidad de oro a los nuevos aperturistas de la última década del siglo XX, ávidos de evidentes primeras con un carácter mucho más alpino.

Una cordada en Tempestades.<br>
Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.Una cordada en Tempestades.
Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.

Se inicia un nuevo período en el año 1995 con el nombre propio de “Pachascó Galán”, una larga ruta de 450 metros abierta en plena Semana Santa, que recorre a sus anchas el sector más occidental y menos explorado de la muralla. Sus aperturistas, Manuel Pascual, Tomás García y Monchito, comentaban en su reseña aparecida en el nº 474 de la revista Peñalara, la sorpresa de encontrarse con dos clavos en el último largo de la vía que podrían pertenecer a la “Directa”. En octubre de este mismo año, dejan por fin su huella en la pared los escaladores locales, Chema Fernando y Ángel Rama vecinos de Eriste, quienes soportando los primeros fríos otoñales inauguran la vía “Tábanos”, un sugestivo y elocuente trazado situado inmediatamente en el sector derecho de la gran placa “Céréza”.

El verano siguiente suben por el valle nuevos escaladores con la mirada fija en este mismo sector, el cual presume de claras y variadas cicatrices apetitosamente vírgenes. El único problema que impide lanzarse sin dilación hacia ellas es la entrada, toda la base de la pared se muestra esculpida por un pronunciado desplome, probable resultado de la acción de un antiguo glaciar. La decisión final consiste en aprovechar el primer largo de la “Tábanos” y efectuar un largo flanqueo hacia la derecha a partir de la R1. Esta nueva estrategia permite burlar el desplome y enderezar el recorrido a través de marcadas fisuras y chimeneas. El resultado es un trazado de corte clásico y dificultad muy asequible llamado “Mafalda”, por sus autores Ricard Miquel y Josep Jané de Tarragona.

El mismo día, los aragoneses Esteban Barrera y Alberto Hernández consiguen una directa y elegante primera por el sector izquierdo, cuya factura casi les cuesta un vivac a pelo, teniendo que huir rapelando de noche por la canal de la Jean Arlaud. De nuevo Josep Jané junto con Jordi Magriñá estrenan temporada (97), para terminar de sacar partido a este suculento decorado de granito. Al llegar al pie de pared detectan un petate colgando a poca altura, y una cuerda fija hasta el suelo justo en la vertical de su nuevo objetivo. A pesar de todo, esto no interfiere en la idea original, así que empiezan por el primer largo de la “Tábanos”, y a mitad de la travesía de la “Mafalda”, con el petate bajo sus pies, ascienden verticalmente entre los dos itinerarios anteriores enlazando una bonita sucesión de diedros. Al no encontrar rastro alguno durante la ascensión, deducen que se han adelantado al intento. Surge de este modo una línea mucho más directa y algo más difícil.

La rebosante fauna de anfibios contemplada en el arroyo de Remuñe durante la aproximación matinal, les inspiró su nombre: “Salamandras”. En agosto de 1997 regresan los propietarios del petate, Ángel Rama y José Manuel Marín, que tuvieron que abandonar precipitadamente la muralla a causa de una repentina tormenta, y tras comprobar con decepción que la vía ya estaba terminada, eligen un sector mucho más a la derecha en el que inauguran la vía “Towanda”, la cual coincide, en parte, con una línea de rápeles desconocida. Tal vez esta línea de rápeles tuviera algo que ver con la actividad de los franceses Leconte y Unicent, los autores de la vía “Hilti et gros minet”, divulgada en la “info” de Desnivel nº 135 de este año 97. Según ello, se trata de una vía totalmente equipada con expansiones, también próxima al collado del Boum.

La actualidad alpinística en la cara sur del Maupás parece quedar saturada este año, en que también se registran tres nuevas ascensiones en la misma temporada, todo un éxito. Así mismo, las simples visitas a la pared para repetir cualquiera de sus vías son muy ocasionales, según cuentan los lugareños que están al tanto de la actividad alpina en el valle de Benasque.

Pico desconocido, larga aproximación, y ausencia de refugio en el que satisfacer comodidades banales, no son precisamente las condiciones que requieren las mayorías actuales. La típica frase: “Ahí no va nadie” está directamente asociada a esta pared. Un último lapso de ocho años transcurre hasta agosto del 2005, cuando Francisco Díez, autor de la vía “Primavera” del 83, decide volver para repetir su vía con los compañeros Rafael Doménech y Salvador Pla.

Vista del macizo de La Maladeta.<br>
Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.Vista del macizo de La Maladeta.
Foto: Darío Rodríguez/Desnivelpress.

La autoconfianza y la determinación iniciales se transforman en confusión al llegar a pie de pared y verse incapaz de adivinar por donde transcurría su vía. Para no irse con las manos vacías y defender su orgullo, Francisco dirige al equipo por algún lugar hostil al que llaman “22 años después”. Esta es la anécdota con la que se cierra el balance de primeras ascensiones en la sur del Maupás.

Varias peculiaridades hemos anotado de primera mano en toda esta historia de escaladas. Todas ellas acreditan el carácter aventurero y el entorno de austeridad que envuelve esta montaña. Pese a todo, la formidable muralla sur del Maupás seguirá esperando el reconocimiento que merece por parte de la comunidad alpina. Su soleado granito en lo alto de un valle solitario, con un pequeño ibón a sus pies y una cumbre de tres mil metros sobre nuestras miradas, son motivos suficientes para visitarla. ¿Qué más se puede pedir? La aproximación por el valle y su escalada, de seguro no decepcionarán a ningún alpinista romántico o enamorado del Pirineo, y tal vez sorprendan a muchos otros... aunque sólo sean escaladores.

Escalada

La gran extensión de la cara sur del Maupás hace que podamos distinguir diferentes secciones, siendo el Espolón Sudesete la bisectriz que divide la muralla casi por el mismo centro.

La mitad de la izquierda es la que posee mayor desnivel pero menos continuidad. Esta sección de la pared se ve interrumpida por algunas cornisas herbosas, que hay que atravesar o recorrer longitudinalmente por encima del zócalo de esquistos rojizos, que la mayoría de itinerarios evitan dada su mediocre calidad para la escalada y aseguramiento. El resto de la muralla es granito fisurado de buena a excelente calidad, en el que destacan visualmente la canal “Arlaud” y las dos grandes chimeneas centrales.

La mitad de la derecha empieza marcada por la imponente placa de la vía “Céréza”, en donde podremos practicar la escalada en adherencia a mayor altitud del Pirineo. Las vías tienen aquí menos recorrido a medida que nos aproximamos al collado del Boum, pero son algo más definidas y gozan tal vez de las mejores líneas de diedros y fisuras en todo su desnivel.

La buena calidad del terreno permite, en la mayoría de los casos, asegurarse mediante fisureros, aliens o friends. De todas formas, los pitones serán una herramienta imprescindible en los trazados más antiguos y menos frecuentados.

La mejor época para escalar en esta soleada pared es de junio a octubre, aunque hay que tener en cuenta un hecho importante. Desde el final de la parte central de la pared se extiende hasta la cumbre principal un altiplano con muy poco desnivel en el que se acumula gran cantidad de nieve. Por ello, el deshielo hace que a principios de temporada se pueda formar una cortina de agua en la placa Céréza y verdaderas cascadas en la canal “Arlaud” o en vecinas chimeneas.

Es preferible estar al tanto de estas condiciones antes de emprender la escalada en estos itinerarios, o esperar hasta bien entrado el verano.

Josep Jane

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