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64 AÑOS DESPUÉS DE SU PRIMER INTENTO

Jordi Pons escala la Norte de la Pique Longue del Vignemale a los 83 años

En 1952, cuando tenía 19 años, estuvo a punto de intentar esta ruta: "Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió". Sesenta años después lo ha conseguido. De la cuerdas de cáñamo, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas de los años cincuenta... a escalar con ochenta y tres años con fisureros y pies de gato. Nunca es tarde para cumplir un viejo sueño.

Darío Rodríguez/Isaac Fernández/DESNIVEL - Miércoles, 14 de Septiembre de 2016 - Actualizado a las 13:37h.

Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. Septiembre 2016.
Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. (©Joan Quintana/PixPeak)

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  • Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale.
  • Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana (izq.) en la cumbre del Vignemale. Septiembre 2016. Jordi Pons -83 años- y Joan Quintana (izq.) en la cumbre del Vignemale.
  • Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale.
  • Norte del Vignemale. Septiembre 2016. Norte del Vignemale.
  • Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana.
  • Jordi Pons (83 años) en la cima del Vignemale. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) en la cima del Vignemale.
  • Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana en la norte del Vignemale. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana en la norte del Vignemale. Septiembre 2016
  • Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana. Septiembre 2016. Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana.
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Jordi Pons es una de las figuras más sobresalientes del alpinismo de nuestro país. Nacido en Barcelona en 1933, su currículum de primeras nacionales es impresionante. Actualmente Presidente de Honor de la FEDME, firmó las primeras de las tres míticas paredes norte de los Alpes: Cervino (1962 con Heinz Pokorski), Eiger (1964 con Josep Manuel Anglada) y la Walker de las Grandes Jorasses (1967). Fue también el primer español en escalar un seismil (1961, el Nevado Huascarán en Perú con Anglada), un sietemil (1969, el entonces virgen Istor-o-nal en el Hindu Kush pakistaní con Anglada, Cerdà y Civís) y un ochomil (1974, primera absoluta del Annapurna Este, con Anglada y Civís).

En los años ochenta, fue el alpinista español con más ochomiles, tras haber ascendido el Dhaulagiri (1979, primera nacional), el Cho Oyu (1984, primera nacional) y el Gasherbrum II (1988) además del citado Annapurna Este. Otras primeras nacionales suyas son el Monte Ararat (Armenia), el volcán Chimborazo (Ecuador), el Nevado Yerupajá Sur (Perú), el Ama Dablam y el Kanjeralwa (Nepal) o el Garet el D'jeneoun (Argelia). El McKinley, el Kilimanjaro, el Aconcagua y muchas otras montañas también figuran en su haber.

La que no había conseguido ascender nunca era la cara norte del Vigmenale, la Pique Longue (3.298 m) en los más cercanos Pirineos. Y eso que en 1952 ya viajó allí para intentarla. Sin embargo, aquel día se puso a llover y tuvo que dejarla para más adelante... "Poco podía imaginar que sesenta años más tarde, con Joan Quintana, volvería a meterme en este berenjenal", reconoce Jordi Pons, quien apunta que "esto demuestra el valor de la tenacidad y que, en un deporte como el montañismo, nunca es tarde para intentarlo; transmite un mensaje para todos aquellos que se proponen algún día conseguir un reto".

"Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió"

Fue una asignatura que quedó pendiente durante seis décadas...
Es que para mí aquella aventura, con 19 años, me venía grande. Afortunadamente, llovió y ya nos fuimos hacia Aragón.

Mis compañeros, Xavi Ayuso y Joan Quintana, me decían "Jordi, si en un momento dado no estás motivado, ves algún problema o no te encuentras bien"... O sea que yo iba un poco condicionado a ver mi comportamiento cómo iba. Afortunadamente fui ascendiendo sin problemas. Los mil metros no te los quita nadie, pero tampoco es nada del otro mundo, sobre todo cuando vas con pies de gato y un buen equipo. Iba con 4 kilos en la mochila, si es que llegaba, y me llevaban en volandas para que no tuviera ningún problema. Y a veces los sueños se convierten en realidad.

¿Cómo surgió la idea?
Fue por Joan Quintana, que un día se le encendió la bombilla; leyendo mi currículum se dio cuenta de que no había hecho la Pique Longue. Un sueño de joven que se había quedado en sueño... y va y sesenta años más tarde lo he hecho, gracias a mis compañeros de cordada Joan Quintana, Xavi Ayuso y Carles González, que es bombero y era el que filmaba. Me encontré rodeado de tres personajes con una seguridad increíble. Y escalar 1.000 metros de desnivel co una mochilita de 4 kg a la espalda y una cuerda por delante... pero, claro, hay que subir, que tampoco sé si todo el mundo puede hacerlo con 83 años, casi 84.

¿Cómo es la ruta?
Es una clásica. Es un paredón al que le faltan 100 metros para llegar a ser como El Capitan, es un murallón.

¿Cuánto tiempo invertisteis?
A las 7 de la mañana empezábamos en la rimaya y las 7 en punto de la tarde llegábamos arriba, aunque incluso contemplábamos la posibilidad de llegar de noche.

"Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres"

¿Cómo te sentiste en la escalada?
Muy bien. Cuando vas con profesionales... si había una placa de esas que son inclinaditas pero que no hay presas, que tienes que subir en adherencia... me dejaban los pedales colgados y simplemente tirando, sin siquiera subirme en ellos, superaba aquellos metros. Como era el ultimo y me tocó recuperar todo el materia, llegaba a la reunión envuelto en los pedales, los friends, los empotradores... Ahora estas cordadas jóvenes, cada vez que hay una fisura van colocando empotradores por todas todos sitios –cosa que me parece estupendo–, mientras que antes te lo pensabas mucho antes de colocar una clavija. Entonces yo iba recuperando todo el material y cuando llegaba a la reunión donde estaban ellos, parecía que iba disfrazado. Me encontré muy bien, al día siguiente hubiera podido ir de excursión perfectamente.

¿Hubo algún largo que te costara más?
No, en absoluto. Salimos a las 5:30 de la mañana del refugio de Oulettes, a las 7:00 en punto saltábamos la rimaya y nos enganchábamos de la pared, atacamos justo por el couloir de Gaube –que está absolutamente seco, con solo un par de techos con hielo– y en ningún momento, de los treinta largos de pared que hay, me encontré apurado, al contrario. Luego bajamos todo el glaciar del Petit Vignemale y subimos a dormir al refugio de Baysellance. Al día siguiente, bajada a Oulettes, al parking y a España. Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres días. Lo que hacíamos con mosquetones y clavijas y buscando, ahora se hace con un material ligero y con pies de gato. No tiene nada que ver lo que se hace hoy en día con lo que nos tocaba hacer en los años cincuenta.

Me llevo un gran recuerdo de esta montaña. Cuando se enteraban que tenía 83 años, los guardas de los refugios se quedaban parados, me felicitaban y yo me sentía arropado de pensar que hay poca gente a mi edad que se mete en una pared de 900 metros de altura, y eso siempre se agradece. Me sentí muy feliz de poder decir que en España todavía queda más de un Carlos Soria.

"Me cansé más llegando al refugio que durante la escalada"

¿Y al día siguiente no tenías agujetas ni cansancio?
No. Yo llevaba muchos días sin escalar por un problema de ciática, y aproveché ahora quince días en Andorra para hacer 6.500 metros de desnivel en el Comapedrosa, el Tristaina, el Font Blanca, el Casamanya, el Pic Alt de la Capa... Son seis cumbres y cada una tiene un promedio de 1.000 metros de desnivel. La técnica de escalada es lo último que se pierde. De hecho, reconozco llegué tocado al refugio de Oulettes cargado con la mochila y las horas del sol. Como me dijo, Xavi Ayuso "fuiste de mal a mejor: llegaste justo al refugio, al día siguiente bien, y a la hora de la escalada aún mejor". Y luego el regreso –que por primera vez utilicé esos cramponcitos que van en las zapatillas de andar–, ni agujetas ni nada, yo mismo me sorprendí y pensé "a ver si es que estoy volviendo a una segunda juventud".

Hace 60 años, ¿con qué material escalabas?
Con cuerdas en cáñamo de 40 metros, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas; cuerda a la cintura, asegurando por la espalda, sin casco ni arnés ni nada. Y así fuimos incluso al Dru con Santacana la primera vez. Todo aquel material, comparado con lo que se lleva hoy en día... Ahora, incluso llevábamos mucha agua; mis amigos llevaban tres o cuatro litros, yo llevaba una botella de medio litro.

"Me recuerda a la norte del Petit Dru, que hice en 2003, 44 años después del primer intento"

En comparación con otras escaladas tuyas que recuerdes, ¿cómo la has visto?
Bueno, yo sólo había tenido dos escaladas que no había podido hacer, y ambas parecidas. Una era la pared norte del Petit Dru, que intenté en 1959, en 1972 y en 1974, y hasta el cuarto intento con Lluís Giner, 44 años más tarde, a los 70 años, en el 2003, no la conseguí escalar. Y a los 83, la norte del Vignemale. Ambas paredes tienen un parecido, porque fueron un reto pendiente que se quedó ya para la posteridad. He tenido la gran suerte en mi vida que, sin ser ningún héroe, he conseguido que las etapas de la vida se fueran sucediendo una tras otra y que algunas de las rutas que quedaron sin hacer las he realizado muchos años después.

¿Tú qué te consideras más alpinista o escalador en roca?
Me considero alpinista, porque me ha gustado tanto el hielo como la roca. En cambio, no he sido un hombre que me haya dedicado a abrir vías un domingo tras otro. Y es que durante 30 años fui corredor de esquí nórdico y, en lugar de pasar los fines de semana en Montserrat abriendo rutas, me dedicaba más a otra actividad. Y al final, aunque haya hecho más de 200 ascensiones en Montserrat, me considero más alpinista que escalador.

De hecho, también destacaste en los ochomiles...
Sí, hice el Annapurna Este, el Dhaulagiri, el Cho Oyu y el Gasherbrum II. El Dhaulagiri fue una gran ascensión. La hicimos al mismo tiempo que Sylvain Saudan y su expedición franco-suiza en la que hubo fallecidos... y eso pesa, que estés en una expedición y haya compañeros que dejen el pellejo. También estuve en el Shisha Pangma, que es una montaña que ha quedado por hacer, con los militares cuando murió Joan Martínez.

¿Qué ochomil es del que guardas mejor recuerdo?
Del Annapurna Este, el primer ochomil, y luego quizás del Dhaulagiri. Los franceses antes de ir al Annapurna estudiaron el Dhaulagiri y dijeron que era demasiada montaña para ellos en aquella época (1951). Y eso que eran Lionel Terray, Louis Lachenal, Jean Couzy, Gaston Rébuffat, Marcel Schatz... Pues resulta que no lo fue para Jordi Pons, que hizo cumbre con los navarros y con Ang Rita, que era su primer ochomil y luego hizo doce ochomiles.

¿Cómo es tu vida ahora? ¿Sigues entrenando todos los días?
Más que entrenarme, procuro no hacer una vida sedentaria. Procuro salir y hago todo lo que puedo para mantenerme... pero es lo mismo que he hecho toda la vida: hago gimnasia por la mañana, voy algún día a correr por las montañas de los alrededores –más que correr, es andar deprisa–... Considero que soy un hombre que se cuida un poco, pero nada del otro mundo. Sí que entrené mucho en la época en que hacía esquí de competición.

Jordi Pons escaló el pasado miércoles 7 de septiembre la Norte de la Pique Longe para una filmación de la productora Pixpeak, para un episodio que se emitira en TV3. En la escalada le acompañaron Joan Quintana, Carles Gómez y Xavi Ayuso. Jaume Altadill le filmó desde la base.

El Vignemale, Aneto y Monte Perdido la trilogía fantástica

Vignemale

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