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ENTREVISTA

Diego Quesada. Escalada y pueblos vivos

Fomentar las escuelas de escalada sin perder un rumbo muy claro: mantener los pueblos vivos de manera sostenible, desarrollar el potencial que tiene cada territorio y generar un impacto positivo. Esta es la filosofía de Senderos de Teja, un proyecto que ya es una realidad en algunas escuelas de la zaragozana comarca del Aranda. Diego Quesada, gestor del Albergue de Calcena, es su principal impulsor.

José Manuel Velázquez-Gaztelu - Miércoles, 20 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 13:00h.

Diego Quesada. Albergue de Calcena. 2017
Diego Quesada en el patio del albergue de Calcena (Zaragoza). (Silvia García / Clownclimbing)

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  • Diego Quesada. Albergue de Calcena. 2017 Diego Quesada en el patio del albergue de Calcena (Zaragoza).
  • Diego Quesada. Albergue de Calcena. 2017 Diego Quesada, gestor del Albergue de Calcena (Zaragoza) e impulsor de Senderos de Teja.
  • Diego Quesada. Albergue de Calcena. 2017 Diego durante la entrevista.

Cuando se le presentó a Diego Quesada (Zaragoza, 1977) la oportunidad de gestionar el Albergue de Calcena (pequeña localidad de la provincia de Zaragoza, casi lindando con Soria) en el año 2012, este se encontró con un pueblo de apenas veinte habitantes, de los que trabajaban exclusivamente dos, siendo el resto jubilados (unos siete rondando los 80 años). Rápidamente emprendió con sus compañeros dos proyectos paralelos: la reactivación de la escalada en la zona y frenar el éxodo rural en una de las comarcas más despobladas de España.

Diego, ¿cómo conociste Calcena?
Mis padres se compraron una casa en un pueblo cercano, Berdejo, y yo iba desde muy pequeño. Cuando tenía 20 años surgió la posibilidad de montar una casa rural y “teletrabajar”–soy programador– desde allí. Por aquel entonces yo ya estaba enganchado a la escalada y comencé a venir aquí a practicarla. Eso fue hace más de quince años.

Las zonas tienen un potencial y que solo hace falta desarrollarlo, y que hay más gente de la que pensamos que quiere irse a vivir a los pueblos

¿Había muchas vías en Calcena?
Había algunas clásicas, antiguas, con clavos, tacos de madera… Muy pocas porque estaba lejos, la gente se iba a Riglos, Morata, Jaraba... Hace unos quince años, escaladores de la comarca empezaron a meter parabolt y se equiparon vías de deportiva. Sobre todo Alberto Marín, el primer guarda del albergue, también Torrijo, y Cuartero. En los últimos años la zona se ha desarrollado como escuela deportiva.

¿Cómo surge la oportunidad de gestionar el albergue de Calcena?
El turismo rural descendió mucho y, además, dejé el tema de la programación, así que cuando salió el albergue a concurso, en 2012, Rosa y yo nos animamos. Nos pegamos una semana diciendo “Venga, que sí, que nos metemos… Que no. ¿Qué hacemos? ¡Es una locura!…”. Desde el principio ya plasmamos el proyecto de promover la zona con turismo de actividades en el entorno. Entregamos el proyecto y nos lo dieron.

¿Cuántos habitantes había en Calcena?
En ese momento unos veinte, pero solo dos personas trabajando, un electricista y un albañil; el resto, jubilados (unos seis o siete rondan los ochenta años). Enseguida vimos que hacía falta más gente para gestionar esto, entonces vino Israel y se unió al equipo.

Es una población muy envejecida, y ¿sin relevo? ¿No hay niños en el pueblo?
No, tampoco jóvenes que quieran venir.

¿Ni comercios de ningún tipo!
Viene el pan en furgoneta y varios vendedores ambulantes algún día a la semana. Lo más cercano para hacer la compra es Illueca, una población de menos de 3.000 habitantes que está a media hora.

El pueblo sale ganando porque hay gente que vive en el pueblo, pero ¿qué podemos hacer nosotros por la gente del pueblo?

¿Cuál es la historia del albergue?
Alguien del pueblo cedió el terreno a la Guardia Civil para hacer un cuartel que estuvo operativo durante muchos años (Calcena era un pueblo grande e importante). Cuando dejó de tener ese uso, el Ayuntamiento lo convirtió en albergue.

Y vosotros llegáis y ponéis en marcha vuestro proyecto de “reactivación”...
Eso es, queríamos reactivar el pueblo, rejuvenecerlo, evitar la despoblación rural. Siempre he pensado que las zonas tienen un potencial y que solo hace falta desarrollarlo, y que hay más gente de la que pensamos que quiere irse a vivir a los pueblos, pero es complicadísimo. Nosotros hemos generado cinco puestos de trabajo, y en verano estamos nueve personas trabajando. Pensarás que esto no es nada, pero es importante. Durante estos cuatro años hemos aprendido mucho, sabemos que es posible poner en marcha negocios viables y con eso asentar población.
 
Entonces nace Senderos de Teja. ¿Qué es?
Senderos de Teja es una empresa social, una sociedad limitada, una empresa que no tiene beneficios, y cuando los tenga se reinvertirá en proyectos para llevar a cabo nuestra misión: mantener los pueblos vivos de manera sostenible, desarrollando el potencial que tiene cada territorio y generando un impacto positivo. Entonces, coges una instalación municipal, desarrollas el potencial del territorio con el objetivo de generar trabajo para que haya gente que quiera quedarse y que lo consiga. Esa es la idea.

Los ayuntamientos muchas veces ceden casas para atraer población. ¿No es suficiente?
No, a mí no me parece que sea la solución, lo que hay que hacer es decir: “Mira, tengo este pueblo, las instituciones te lo van a poner fácil, pero ¿tú que vas a aportar?”.

¿Aportar... al pueblo?
El pueblo sale ganando porque hay gente que vive en el pueblo, pero ¿qué podemos hacer nosotros por la gente del pueblo?

Incidimos mucho en el cuidado del alimoche, informando a los forestales, regulando la escalada en época de cría. Intentamos que la gente aparque en el albergue para minimizar este impacto.

¿Y qué aportáis vosotros?
Nosotros en este tiempo hemos generado un cambio, y no solo por el movimiento turístico asociado a la escalada (y este ha sido posible básicamente por la gente que, de manera altruista, dedica su tiempo y, en muchos casos, su dinero para equipar; sin ellos, no escalaríamos). Por ejemplo, los mayores de Calcena, que son prácticamente todos, tienen unos servicios limitados, no hay un centro de día, pero no se quieren ir del pueblo. Entonces, solo el hecho de acompañarles ya está generando algo. Ofrecemos menús económicos y talleres, hacemos salidas juntos, para hacer fotos, para conocer los antiguos nombres de los riscos... Luego, nos dimos cuenta de que en realidad lo único que quieren es estar acompañados, sobre todo en invierno. Se ha creado un vínculo con ellos muy importante. Al cámping de Trasobares viene mucho a visitarnos Gregorio, un señor de unos 78 años, soltero, que vive solo. Ayer coincidió por la mañana con unos escaladores, después se fueron juntos a comer, y luego a visitar a unos amigos de Beratón [otra localidad de la Comarca del Aranda]... No escalaron, pero pasaron el día con Gregorio, y Gregorio estaba emocionado.

Has nombrado Trasobares, la zona de escalada cercana. ¿También estáis trabajando allí?
Sí. Después de cuatro años gestionando el albergue salió a concurso el cámping de Trasobares y nos presentamos. Es un pueblo un poquito más grande, con 80 personas, y también con potencial para la escalada. El objetivo es el mismo que en Calcena. Ahora mismo ya hay tres nuevos jóvenes, relacionados con la escalada, que viven en Trasobares.

Y, además de la escalada, Senderos de Teja trabaja también en la creación de centros de BTT, ¿no es así?
En la cara oculta del Moncayo hay mucho potencial para la bicicleta, al igual que para el senderismo y la escalada. Por ahora solo lo hemos estamos promoviendo e intentando que se destine dinero público.

Después de cinco años, ¿cuáles son los resultados de vuestra apuesta?
Cinco años son pocos en comparación al gran cambio que se ha vivido en la zona. En Calcena, gracias a la escalada, hemos llegado a vivir siete u ocho personas. Eso, en un pueblo con 22 habitantes, es un aumento muy grande de la población. El caso es que han empezado los problemas con el Ayuntamiento y ahora solo quedamos cuatro...

¿Qué tipo de problemas?
Nos estamos encontrando con ataques directos del Ayuntamiento contra nuestra gestión. Sacaron a concurso el albergue antes de tiempo, nos quieren triplicar la cuota anual, el Ayuntamiento quiere decidir los horarios y los precios, no nos dejan cambiar las instalaciones... Además, no no nos prorroga el contrato, lo que deja en evidencia que no quiere que sigamos.

Queremos crear una bolsa de trabajadores que quieran irse al pueblo, que quieran generar un impacto positivo en el lugar, gestionando como hemos aprendido a hacerlo nosotros, promoviendo el territorio.

Quizás el gran aumento de visitantes escaladores les preocupa.
Es cierto que al alcalde le preocupa la responsabilidad que pueda tener el Ayuntamiento respecto a la escalada. Pero hay muchos ejemplo cercanos, como Morata de Jalón o Chodes, que no ponen ninguna traba, además de que no existe ningún caso de reclamaciones de escaladores a los ayuntamientos. También se quejan de que los escaladores no generan nada al pueblo. Están dejando claro que no quieren que estemos aquí. En Trasobares es todo lo contrario, son todo ayudas. Exigen, porque tienen que exigir, ya que gestionamos una instalación municipal, pero de una manera razonable. Hemos llegado a un punto en el que tenemos que tomar una decisión.

¿Qué alternativas tendría entonces este pueblo?
¿Otras alternativas? No creemos que ahora haya otras alternativas aquí.

¿Cuánta gente ha venido este fin de semana a escalar?
Unas 200/250 personas a Calcena; el albergue está casi lleno, más las autocaravanas y las furgonetas. En el cámping de Trasobares también tenemos gente. El potencial existe, el crecimiento ha sido muy rápido. Eso es una realidad.

Vosotros, además, sois parte de la delegación de Zaragoza de Escalada Sostenible. ¿Eso qué implica?
Medioambientalmente, por parte del colectivo escalador, no ha habido ningún problema. Incidimos mucho en el cuidado del alimoche, controlamos un poco más dónde anida, vamos también informando a los forestales, hemos puesto unas placas a pie de vía para regular la escalada en época de cría. Intentamos que la gente aparque en el albergue, incluidas furgos y autocaravanas, para minimizar este impacto.

Para terminar, ¿cuál será el futuro de Senderos de Teja?
Ahora mismo estamos en la fase de “crecer o morir”. Nos están pidiendo en otros lugares la gestión de instalaciones municipales, comenzamos a principio de año a gestionar un albergue y pronto un cámping en Artieda, un pueblo cerca del pantano de Yesa y Salvatierra de Esca, en la provincia de Zaragoza. Siempre, eso sí, con la misma filosofía: crear una bolsa de trabajadores que quieran irse al pueblo, que quieran generar un impacto positivo en el lugar, gestionando como hemos aprendido a hacerlo nosotros, promoviendo el territorio.

 

José Manuel Velázquez-Gaztelu

Trucos que marcan la diferencia

Portada del libro '1001 consejos de escalada' por Andy Kirkpatrick.

1001 consejos de escalada

por Andy Kirkpatrick

Este no es un manual de escalada corriente. Es una generosa recopilación de todos esos trucos que marcan la diferencia entre ir todo bien o ir todo regular (o mal) cuando estamos en una pared, en una montaña, o sencillamente cuando planeamos nuestro próximo gran viaje. Es un libro para todos, sea un excursionista, un escalador o un alpinista. Son consejos que se basan en tres décadas de la obsesión de su autor por la escalada, diecinueve ascensiones a El Capitán, numerosas caras nortes en los Alpes, viajes a los Polos, y muchas más expediciones y escaladas, algunas espeluznantes.

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