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Técnica y estrategia en escalada deportiva

El descuelgue: sencillo, básico y, a veces, letal

No hay nada tan sencillo como bajarse de un descuelgue. Llegas a la cadena, pasas la cuerda y el compañero te baja. Listo. ¿Por qué entonces se producen tantos accidentes durante esta maniobra de “jardín de infancia” de escalada? Vamos a analizar algunas situaciones y la técnica básica (por si alguien necesita un repaso) para bajarnos de un buen descuelgue.

Desnivel - Domingo, 17 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 09:15h.

Escalando en Kalymnos
Escalando en Kalymnos (César Nieto/Cicloturismo)

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Un compañero acaba su vía y le toca desmontar. Como el descuelgue no se abre, se ancla a él, se desata, se vuelve a atar, grita “¡pilla!”... y ¡cae 10 metros! No había pasado la cuerda por la anilla del descuelgue, ni había comprobado que todo estaba bien antes de soltarse. Por suerte había escalado de primero y toda la vía estaba montada, así que se metió un buen vuelo que paró la última cinta sin mayores consecuencias.

A nuestro lado, un escalador llega al descuelgue (que se abre), pasa la cuerda por el mosquetón de acero, le pide al asegurador que tense... ¡y se le sale la cuerda del arnés! No había rematado el ocho y ninguno de los dos hizo el chequeo entre compañeros a pie de vía. Si se llega a caer escalando se hubiera ido al suelo, pero el Ángel de la Guarda quiso que esto no ocurriera, que llevara una cinta extra en el arnés, que el ocho simple se trabara en el descuelgue y que guardara la calma para anclarse y atarse. Por los pelos...

Al asegurador se le sale la cuerda del aparato mientras baja al compañero. La vía tiene 35 metros y la cuerda apenas llega a los 60 (originalmente era de 70, pero se le han ido cortando los extremos para ir saneándola). Total, que el escalador, a 10 metros del suelo comieza su vuelo sin motor.

El milagro se produce: en ese tramo la pared pierde verticalidad y se queda clavado –y aterrorizado– en una pequeña repisilla. Cuando lo rescatan y baja, las demás cordadas empiezan a dar la charla al asegurador. ¿Ha sido su culpa? Sin duda, pero solo al 50 por ciento. La otra mitad de culpa fue claramente del escalador, que tampoco se cercioró de que el extremo de la cuerda quedara anudado o bien atado (por ejemplo con un pescador) a la funda.

Pero frente a estos casos que acabaron con un buen susto y unas risas en el bar, existen otros que desencadenaron auténticas tragedias, con heridos graves y muertos tras sufrir caídas desde un descuelgue. No es para tomárselo a broma.

La rutina mata

Estos son casos reales vividos en escuelas de escalada. En todos se trataba de escaladores y aseguradores experimentados, con muchos años y muchas vías a cuestas. ¿Cómo es posible entonces cometer estos errores tan... de manual? Muy sencillo: por despiste, por monotonía, por rutina y por exceso de confianza.

Un escalador con menos experiencia tiene muchas menos probabilidades de cagarla de esta forma porque sus sentidos están más alerta, las maniobras que hace le requieren atención, se encuentra en un medio en el que no se siente cómodo... En resumidas cuentas, es consciente de que o hace las cosas bien bien o se juega el bigote; comprueba las cosas dos veces antes de colgarse, se comunica con el compañero...

Es cierto que también se producen errores garrafales debido a la falta de formación (una muy típica es descolgarse de un cordino, por ejemplo) que desembocan en consecuencias graves y mortales. Y otras por imprudencia; es decir, el escalador sabe que debe hacer las cosas de otra forma pero “ataja”, consciente del riesgo, a veces por prisa, pereza, la euforia de un encadenamiento, la frustración de haber caído, el agotamiento...

Cambiemos la costumbre

Un  amigo tiene cuatro rutas para llegar al trabajo en coche. Cada semana del mes sigue una distinta. Eso, asegura, le hace no caer en la monotonía y así evita conducir como un atómata, está más atento y evita accidentes. A él le funciona.

En escalada la solución pasa por automatizar ciertas costumbres y establecer rutinas obligadas que impliquen prestar más atención y revisar lo que hemos hecho. Cada uno puede inventar sus estrategias, pero las dos que describimos a continuación deberían ser obligatorias.

  •  No empezar a escalar sin haber hecho previamente un buen chequeo entre compañeros (¿qué tal si comenzamos a desterrar el anglicismo partner-check?). Esto es: el asegurador comprueba cierre del arnés y nudo del escalador; el escalador comprueba cierre del arnés del asegurador y que el freno lleve bien pasada la cuerda y esté bien colocado; ambos comprueban que el extremo de la cuerda está anudado.
  • Después de la maniobra de pasar la cuerda por el descuelgue, el escalador repasa bien todos los elementos (nudo al arnés, cuerda pasada por la anilla) –y el asegurador se lo recuerda desde el suelo– antes de soltar su sujeción a la cadena. No se suelta hasta no notar la tensión de la cuerda y comprobar que el asegurador está preparado para descenderle. Si esto acaba siendo una costumbre reduciremos en un 99 por cien las probabilidades de sufrir un accidente debido a un despiste.

Otras cuestiones importantes

  • Salvo en la fase final del descuelgue, evita que la cuerda solo esté pasada por la reunión. Es decir, si escalas en top rope y vas descosiendo las cintas, pasa la cuerda del asegurador, al menos, por la última cinta, mucho mejor si lo haces por las dos últimas.
  •  El asegurador no debe sacar nunca la cuerda del freno. Basta con limitarse a dar la cuerda justa para hacer la maniobra arriba.
  •  Si no llevas mosquetón de seguro y decides usar dos mosquetones normales para atarte de nuevo tras pasar la cuerda por la anilla del descuelgue, estos siempre deben estar contrapeados (un cierre para cada lado. Nunca bajes de un solo mosquetón convencional.  
  • Aunque el descuelgue cuente con mosquetón, si este no tiene rosca y nos toca quitar cintas en un desplome o en travesía, es conveniente pasar la cuerda por un elemento que no se abra, como la anilla a la que va sujeta el mosquetón. No es la primera vez que una cuerda se sale del mosquetón debido a los balanceos y péndulos.

Para anclarse a la cadena hay varias teorías y casi una guerra declarada entre los que usan cintas exprés y los que tiran de cabo de anclaje (por Dios: cabo de anclaje, la “línea de vida” es otra cosa). Usa lo que creas conveniente, pero haz caso a estos consejos:

  • Lo primero, mosquetonea a un punto de la cadena (o a uno de los dos anclajes si se trata de un descuelgue de dos puntos), por ejemplo la chapa de arriba, una cinta y cose la cuerda, como si fuera un seguro más de la vía.
  • Después elige bien el emplazamiento del mosquetón sobre el que nos vamos a anclar (con cintas o cabo de anclaje); suele ser un buen lugar la anilla (siempre que deje sitio para pasar después la cuerda en doble) o la chapa inferior del tinglado.
  • Si te coses con cintas no es recomendable conectar dos mosquetones; mejor siempre mosquetón-cinta-mosquetón-cinta...
  • Evita poner mosquetones en sitios donde queden mal; por ejemplo, eslabones estrechos de la cadena, donde va a quedar revirado y atascado.

Si el descuelgue es de dos puntos hay varias opciones. Si llevamos material de sobra, una buena opción es unirnos a los dos anclajes (con varias cintas, con el cabo de anclaje y una cinta, triangulando una cinta de Dyneema…). Si no, lo haremos de forma básica: en uno de los puntos ponemos una cinta y pasamos la cuerda, y usamos el otro para anclarnos. MUY IMPORTANTE: como ya hemos explicado antes, siempre tenemos que tener seguros cosidos por debajo nuestro, y más en la última situación descrita.

Maniobras en el descuelgue

1. Hemos llegado al descuelgue y nos anclamos con nuestro cabo (a una de las chapas en el caso de un descuelgue de dos puntos). También hemos puesto una cinta (a la chapa en la que no estamos anclados en el caso de un descuelgue de dos puntos) y la hemos mosquetoneado, como si se tratara del último seguro de la vía. ¡Siempre hay uno o dos seguros chapados por debajo nuestro!

2. Pedimos cuerda al compañero que, sin sacarnos del freno, nos da la suficiente para pasar un bucle por la argolla del descuelgue (por las dos en el caso de un descuelgue de dos puntos).

3. Una vez pasado el bucle, hacemos en él un ocho por seno y lo anclamos al anillo del arnés.

4. Deshacemos el nudo de encordamiento y sacamos el cabo libre del descuelgue.

5. Liberamos todo el montaje y nos descolgamos. ¡No quitamos nuestro cabo de anclaje, u otra unión con el descuelgue, hasta no haber repasado bien la maniobra y el nudo, habernos comunicado con el compañero y estar completamente seguros de que estamos colgados de la cuerda.

 

 

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