Las ventiscas se convierten en protagonistas de los últimos informes llegados desde el Himalaya. Otxoa se retira de su ataque a cumbre al igual que las expediciónes de Pasabán y Soria.
Las nevadas son protagonistas de los últimos días en el Himalaya. Foto: Col. Iván Vallejo
Empezamos la crónica con una mala noticia. Edmund Hillary, primer hombre que
conquistó la cima del Everest, hace ya 54 años, sufría una caída a su regreso de
Nepal y se haya hospitalizado en Nueva Zelanda. Con 87 años su estado de salud
es bueno y parece que el accidente no reviste gravedad. Aún le quedan muchos
caminos.
Sir Percival dejó la escalada hace tiempo, aunque todos los años visita
Nepal, donde ha fundado y organizado numerosos proyectos humanitarios.
Y vamos con el Himalaya y los hombres que andan atareados por aquellos lares
de frío y nieve. Por ahora la cumbre del
Dhaulagiri
tendrá que esperar. El día 21, Horia Colibasanu, Joby Ogwyn (USA), Jorge
Egoecheaga e Iñaki Otxoa escalaban sin interrupción del Campo Base al Campo 2,
donde pretendían pasar la noche para partir al día siguiente hacia el Campo 3.
Sin embargo, la montaña se puso tensa y les lanzó una tormenta de diez horas que
impidió su descanso y recuperación. Mucho trabajo con la pala para impedir el
colapso de las tiendas antes de tratar de continuar con la ascensión. 300 metros
a base de tesón, antes del regreso, fue lo que lograron el día 22.
En el Campo 1 también hubo trabajo. Allí Ignacio Barrio, Oscar Fernández y
Joelle Brupbacher sufrieron los caprichos de la meteo, demostrando que el Daula
es un duro hueso. Unas 40 ascensiones en los últimos siete años avalan la dureza
de una cima a la que ya ha llegado el kazajo Denis Urubko, que planea usar la
montaña de aclimatación para el K2.
Y mientras esperamos noticias de la bella Segarra, el
Everest
sufre el asedio de otros dos españoles. Los alpinistas sevillanos Juan Antonio
Huisa y Pedro López llegaban con una semana de retraso al campo base el sábado
21. Un problema médico de Pedro les obliga a acelerar la aclimatación. Al
llegar, la cara Norte les recibía con buen tiempo, pero vino la noche. Un fuerte
viento, mucha nieve y un poco de mal de altura les hacía ansiar la mañana para
continuar con el ejercicio. La moral, pese a todo, continúa alta y ven mucho más
cerca la consecución de sus Siete Cumbres.
Progresando por la aérea arista de la Magic Line del K2. La expedición fue liderada por Oscar Cadiach en 2004. Foto: Exp. K2 Magic Line'04
Prudencia, descanso y bendición
Oscar Cadiach, por su parte, dirigiendo la única expedición
que intentará el
Kangchenjunga, acompañado por Patxi Goñi, Julen Requeta, Fernando Rubio,
Iñigo de Pineda y el joven Joan Riva (19 años), aclimata a su equipo guiando un
pequeño grupo por el valle del Khumbu y hasta la cima del Island Peak. De ahí a
Katmandú y luego al Este donde vive el Kangchen. La prudencia domina el ánimo,
aunque esperan con ganas llegar a 10 metros de la cumbre, distancia de cortesía
que los escaladores guardan al ascender esta montaña sagrada para los hindúes.
8.586 metros, cinco cumbres y cinco glaciares dominando uno de los espolones del
más importante eje himalayo les esperan, sin oxígeno embotellado, sherpas de
altura y ligeros ligeros para ascender por la cara suroeste e instalar tres
campos de altura (el último a 7.600 metros). La montaña dirá.
Vamos con el gran Carlos Soria, que tras superar algunos problemas informáticos
nos remite las primeras acciones que andan llevando a cabo en el Ama Dablam.
Tras cinco días de marcha de aproximación llegaban el día 17 al campo base,
situado a 4.600 metros de altitud, donde se encontraban con la expedición de
Simone Moro, que se ocupa en guiar a un directivo de North Face. Un día de
descanso, celebración de la puya (ceremonia tibetana de bendición) y ambas
expediciones salían hacia el Campo 1, donde después de un poco de trabajo les
sorprendía una recia ventisca, obligándoles a retirarse de nuevo al Base. Simone
se marchaba de las laderas del
Ama Dablam al
no poder ascender tan veloz como tenía previsto. El día 20, Carlos, Alfredo y
Sito subían a dormir al campo base avanzado para continuar la aclimatación.
Mejoró el clima y las vistas se hicieron geniales, mientras a los pies de la
montaña desembarcaba otra expedición formada por dos sherpas, un griego, un
inglés, un australiano y un suizo.
Ayer, día 24, bajaban del campo 1, donde pasaron la noche, tras explorar la
arista que se dispara hasta el Campo 2, encontrándose con demasiada nieve. Esta
arista de roca, tan cubierta, supone un paso muy delicado para la expedición. El
tiempo tampoco está acompañándoles demasiado. Ni la gente. Muchos rumores
corrieron sobre las aglomeraciones que podrían llegar a producirse, dificultando
incluso la colocación de campos de altura, pero por ahora comparten ladera con
una única expedición que aún trabaja en su aclimatación y tal vez el Yeti,
folclore del Ama Dablam. Cuando el meteorólogo Juan Guerra de luz verde se
lanzaran para arriba. Mientras, a esperar en el CB.
Cara Norte del Annapurna. Foto: Col. Simone Moro
Gigante de roca y nieve
Turno del duro
Annapurna.
Llegan nuevos informes de Iván Vallejo, Edurne Pasabán, Latorre... Y es que la
montaña no les ha dejado disfrutar durante mucho tiempo la alegría que les
supuso encontrar la vía de acceso hacia el Campo 2 y el buen ritmo que el alto
sol les había permitido. Su plan pasaba por descansar el miércoles 18 y el
jueves 19 y reanudar las tareas el viernes 20, pero con el descanso vino la
tormenta. Todos los días, hasta ayer, las nevadas has anegado los campos
haciéndoles esperar en el CB. En cualquier montaña la nieve fresca es la causa
principal de avalanchas y, cuando venga la calma, a Edurne y compañía les toca
equipar el delicado tramo que va desde el Campo 2 al Campo 3. En principio, el
26, trataran de continuar con sus labores, con mucho ojo y tiento.
Por cierto, su ascensión será menos solitaria
ahora que tres georgianos han llegado al Annapurna; Gia Torsladle, Sergey y Emil. Gia tiene en su haber 8 ochomiles, y
Sergey comparte con Iván Vallejo el honor de haber ascendido 12 de 14. A Sergey
le quedan el Annapurna y el K2, dos huesos, y a Iván el Annapurna y el esquivo
Dhaulagiri. Resumiendo; mucha experiencia, buen humor a pesar del tiempo y siete
alpinistas y dos sherpas para conquistar tal gigante de nieve y roca.