El K2 se perfila entre las nubes. Foto: Exp. K2 Magic Line'04
Los números toman la palabra esta vez. Con cifras actualizadas hasta el pasado 31 de
agosto, nos ofrecen esta vez el coeficiente de peligrosidad y el
índice de dificultad-peligrosidad de los Catorce ochomiles, gracias a las
cifras totales de ascensos y fallecimientos, así como la relación entre los
ascensionistas y los que, entre ellos, no regresaron a casa (muerte durante el
descenso), respectivamente.
Además, un tercer estudio ya cuenta con el total de cimas femeninas a los
ochomiles principales, y el porcentaje que representan en el total de
ascensiones a los Catorce, y por último, en el año del 50º aniversario de la
primera ascensión al K2 (que ha batido varios récords, como el de cimas en una
temporada y en una jornada, entre otros), una cuarta tabla contabiliza todos los ascensos al Chogori por
rutas y nacionalidades, así como las primeras de cada país a la segunda cima
más alta de la tierra, y para muchos, el más difícil de los Catorce Ochomiles.
Cara norte del Annapurna. Foto: simonemoro.com
Annapurna, el más peligroso
En dos tablas diferentes, la primera contabilizando las muertes ocurridas
antes de 1950, la segunda sólo aquellas sufridas después de la conquista del
primero de los ochomiles principales, el Annapurna, ésta montaña sigue
revelándose como la más peligrosa. En el primer estudio (tabla
1), que conlleva según
su autor "una importante distorsión estadística" puesto que aquellos
primeros intentos en cuatro de los Catorce antes de 1950 se realizaron al precio
de bastantes muertes sin ascenso alguno, el Annapurna se destaca por delante de
Nanga Parbat y K2.
Por el contrario, la segunda relación (tabla
2), que recoge las muertes ocurridas tras
la primera ascensión francesa al Annapurna, es el K2 la segunda montaña más
fatídica, ya que dejan de contabilizarse las numerosas tragedias sufridas por
las expediciones alemanas en el Nanga Parbat (especialmente en los años 30),
antes de su definitiva conquista en julio de 1953 a cargo de Hermann Buhl. Así,
esta montaña pasa a ocupar un lugar más en consonancia con su auténtica
peligrosidad, al igual que el resto. También cabe recordar que es en 1950
cuando se extienden los intentos de ascensión al resto de los ochomiles
principales.