


Jordi Corominas en la arista cimera de K2.
Foto: Exp. K2 Magic Line'04 |
La misma templanza que exigen ciertas situaciones en las grandes montañas,
como saber qué decisión es la correcta en cada caso, o cuánto riesgo es
asumible en cada momento (sobretodo a ochomil y pico en el K2), planea en esta
entrevista. Responde el único alpinista que, de momento, ha seguido los pasos
de la expedición polaca de 1986 hasta la cima del Chogori por una de sus vías
más complejas, la Magic
Line. Y el mismo que lo hizo además asumiendo continuar solo hasta la
cima desde 8.300 metros, porque creía encontrarse capacitado en ese momento
para conseguirlo.
Ciertamente lo estaba, y de hecho lo logró. Ahora, reposado y asimilado el
esfuerzo, así como los duros momentos que le tocó vivir junto a sus
compañeros de grupo al bajar de la cima (uno de ellos, Manel de la Matta, no ha
regresado del Karakorum), Jordi Corominas, "Coro" dentro del equipo
expedicionario, hace balance de su ascensión, el fallecimiento de Manel, el
cincuentenario del K2 y el panorama ochomilista a nivel mundial. Y como uno de
los alpinistas nacionales con mejor trayectoria, también repasa el estado de su
especialidad en nuestro país.



De izquierda a derecha, Giró, De la Matta y Cadiach, en el campo base.
Foto: Darío Rodríguez. |
Durante el ascenso al K2 por la Magic Line, ¿cuándo te separaste del
resto?
Primero iba yo y después Oscar con Manel, hasta un punto que teníamos ya
equipado, y a partir de ahí ellos se plantearon parar. Oscar ya estaba un poco
cansado, y Manel tenía sus dudas, y entonces fue cuando nos separamos.
Manel hasta ese punto iba bastante fuerte, porque iba delante…
Si, Manel iba bien. Incluso el día anterior era el que más había tirado.
¿A qué se debían esas dudas de Manel?
Porque era evidente que no nos daba tiempo. Sabiendo los datos que teníamos
de la expedición polaca del 86, pensamos que no podríamos llegar de día a la
cumbre. Manel era el más consciente y metódico; mientras yo seguía avanzando;
él observaba parado y al final decidió volver.
¿Cuándo decidieron regresar?
Yo empecé a andar a las cinco de la mañana, y ellos decidieron volverse
como a las siete. Estábamos en una campa de nieve muy grande y ahí fue donde
pararon, lo pensaron y decidieron dar marcha atrás; esta campa está situada
aproximadamente a 8.250 m u 8.300 m.



Progresando por la aérea arista de la Magic Line (6.800 m). Foto: Exp. K2 Magic Line'04 |
Tu apuesta de continuar el ascenso sabiendo que ibas a llegar de noche a
la cima, ¿no fue muy arriesgada?
Claro, por los datos que teníamos de la vía, sabía que haría cumbre de
noche. ¿Era arriesgado? Pues sí y no. Puede parecerlo; está claro que hay
riesgo, pero si crees que te encuentras bien sigues para arriba. Es un riesgo
presente en todas las vías difíciles, o arriesgas o no subes.
Cuando decides continuar subiendo, ¿te encontrabas muy fuerte?
Yo me encontraba bien. Sabía que el ascenso era muy lento, porque no tenía
intención de correr, para poder aguantar, pero sí, me encontraba bastante
fuerte.
¿Cuál es la mayor complicación que encontraste, la nieve u otras
dificultades técnicas reales?
Hubo un par de puntos técnicos reales, pero lo más duro fue la nieve.
Arriba había alguna campa en la que te hundías casi hasta la cintura, lo más
duro fue abrir huella en estas zonas.
¿Cómo es llegar a la cima de una montaña como el K2, por esa vía tan
difícil y a esa hora de la noche? ¿Qué sensaciones tenías?
Llegué a las doce de la noche, empecé a bajar de noche, y estuve caminando
hasta que salió el sol de nuevo. Cuando haces una escalada a este nivel, la
hora a la que llegas a la cumbre es lo de menos, es secundario. Lo que sí que
te planteas es la táctica de "tengo que acabar esto y salir de
aquí".