Vista de la Logmun Tower, pared donde han abierto ruta el trío vasco-aragonés. Foto: Jonatan Larrañaga
Perdido en la inmensidad del Karakorum, se nos presenta el valle de Nanghma.
Amim Brakk (5850m), Changüí Tower (5850 metros) y Brakk Zang (4800 metros),
son algunas de las paredes más conocidas y codiciadas del valle. Ubicado en la
región del Baltistán y con tan solo 11 años desde que Ibrahim se lo mostrase
a Jon Lazkano, muchos han sido los escaladores que han pasado por aquí y han
disfrutado de sus gentes y torres graníticas.
Las posibilidades de aperturas y de picos vírgenes es a día de hoy muy
amplia. La no obligatoriedad de permisos para los montes de menos de 6000
metros, los hace aún más asequibles y cómodos. El K6, con sus 7282 metros, es
el estandarte del valle, dominando el glaciar de Nanghma, pero la impresionante
arista del Singu Charpa y otros picos vírgenes que lo rodean hacen de este
valle, un parque de atracciones para los amantes del alpinismo de exploración.
El equipo lo formamos la cordada vasco-aragonesa, Dani Ascaso, Gorka Díaz y
yo, Jonatan Larrañaga. Fuimos de las primeras expediciones en llegar a
Pakistán. A finales de Mayo nos encontrábamos en Skardu, realizando los
últimos preparativos para permanecer alrededor de un mes en el campo base, una
pradera de hierba dividida por un río que según pasaban los días se iba
embraveciendo, debido al calor y el deshielo.
Gorka descendiendo el péndulo del largo 16. Foto: Jonatan Larrañaga
850 metros con tiradas de A3
Once días nos costó llegar a este mar de granito. Los cálculos que hicimos y
la recomendación de los amigos que ya habían dejado su huella, eran ciertos y
consideramos que serían los días necesarios para hacer todos los trámites con
la agencia, porters, comida y todas esas labores en las que la paciencia es lo
más importante.
La idea inicial era intentar una de esas aristas, que cuando la ves en fotos,
dices: esa es la línea. Al final la realidad resulto ser más expuesta de lo
que creíamos, con continuos desprendimientos de roca que te quitaban el sueño.
Llevábamos material para hacer un poco de todo, ya que los objetivos que
teníamos no eran fijos, teníamos mucha información y según aclimatábamos,
íbamos descartando tapias y fichando otras que podían ser el futuro objetivo.
Al final nos decantamos por la Logmun Tower (4600 metros), que es como la
llamaban los locales. La información de que disponíamos, hablaba de una ruta
de franceses del 2003, la más lógica de la pared, ya que combina bastante el
libre con el artificial. En nuestro caso nos decantamos por el pilar norte-noroeste,
vertical, directo y elegante. Al final resultó ser un señor Big Wall de 850
metros de recorrido y con tiradas de A3, a cuatro largos de la cima. Que se lo
digan a Dani, que le tocó uno de esos largos de muchas horas encima de los
pedales el día de su cumpleaños.
Dani Ascaso escalando el segundo largo. Foto: Jonatan Larrañaga
Mucho curro
La línea, la teníamos matizada desde abajo y poco cambió mientras estábamos
en la pared, únicamente alguna variación de ultima hora para enlazar fisuras y
diedros más lógicos y rápidos que unos techos que teníamos en nuestras
cabezas. Resultó que calculamos agua y comida para cinco días y al final
resultaron ser nueve. Esta quizás sea la anécdota de la ascensión, ya que el
resto fue según lo previsto, mucho curro, ya que algunas fisuras estaban
bastante sucias.
¿Donde está ese maravilloso granito del Karakorum? Un poco de decepción
por parte del grupo, ya que lo de escalar en libre se nos iba a olvidar, pero
muy contentos por haber tenido la oportunidad de abrir una nueva ruta en el
Karakorum y tener todo el valle para nosotros solos.