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ENTREVISTA

Alberto Ayora: "La mayor parte de los accidentes son evitables"

Aprovechando la segunda edición de Gestión del riesgo en montaña y actividades al aire libre hablamos con Alberto Ayora sobre riesgos, accidentes y rescates. Como él mismo dice: "Es la hora de la inteligencia. En esta sociedad que reclama el cobro de los rescates ha llegado la hora de los montañeros de verdad".

Viernes, 18 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 12:06h.

Alberto Ayora
Alberto Ayora (Col. Alberto Ayora)

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  • Alberto Ayora Alberto Ayora
  • Portada del libro "Gestión del Riesgo" de Alberto Ayora (Ediciones Desnivel) Portada del libro "Gestión del Riesgo" de Alberto Ayora (Ediciones Desnivel)

¿Qué sensación se tiene viendo la acogida inicial del libro y ante una segunda edición de Gestión del riesgo en montaña y actividades al aire libre?
Sinceramente, si tuviera que resumir y concretarlo en una idea, ésta sería la satisfacción del poder ayudar a los demás. En definitiva, el sentirse útil a la sociedad. Cuando se publicó el libro recuerdo que comentábamos en estas páginas que teníamos el reto entre todos de crear una cultura de seguridad; ahora cada vez es más habitual el poder escuchar o leer entre los alpinistas referencias a la gestión del riesgo, el riesgo asumido, la percepción del riesgo… Es una semilla que está germinando y dando sus frutos gracias al trabajo de muchas personas concienciadas con la seguridad. Quiero agradecer a todos ellos el trabajo que están haciendo en los clubes, en las escuelas o con sus publicaciones.

"Hay mucho trabajo pendiente en el campo de la prevención de accidentes en el medio natural, y se avecinan años complicados"

¿Cuáles son los siguientes objetivos que se avecinan?
Al poco de publicarse el libro recibí un correo del padre de un fallecido en accidente de montaña expresándome el alivio y la ayuda que le había supuesto la lectura del libro, pero sobre todo agradeciendo que le hubiera ayudado a entender por qué se había producido el accidente. Me dije que la apuesta futura a la que tenía que dedicar mi energía no era tanto explicar por qué se producían los accidentes, sino cómo se podían haber evitado. Y éste es un objetivo que, en esta sociedad crítica que en ocasiones es dada a sacar conclusiones fáciles y buscar rápidamente culpables, supone un reto de envergadura. Parece que en la mayoría de las ocasiones los accidentes son fruto de la mala suerte. Y hay que decirlo claramente y con valentía: eso es una falacia.

Siempre me ha gustado una frase de Antoine de Saint- Exupery "Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho". Me encantaría evocar el anhelo de saber aprovechar los beneficios del riesgo con seguridad. Hay mucho trabajo pendiente en el campo de la prevención de accidentes en el medio natural, y se avecinan años complicados en los que va a aumentar la demanda y por ende el número de practicantes de todas las edades. Eso hay que preverlo e irlo planificando.

¿Y cuáles son entonces beneficios del riesgo que debemos aprovechar?
El término riesgo tiene, además de esa connotación negativa que rápidamente salta a la vista a todo el mundo, un carácter positivo. No sólo está el riesgo de perder algo sino también el riesgo de ganar algo. Nos están alertando sobre los peligros del sedentarismo y la obesidad infantil; fíjate lo que podemos ganar socialmente en este campo. Sin embargo debemos ser conscientes por ejemplo que las actividades con menores, además de ser una fuente de indudable valor y riqueza, también nos exigen al máximo; nos obliga a extremar las precauciones y a un mayor deber de diligencia. Es una tarea que hay que afrontarla con ilusión, sin pérdida de tiempo pero conlleva ciertos riesgos que deberemos asumir como sociedad. Una sociedad que no se arriesga es una sociedad que no avanza. La equivocación aporta información y experiencia. Pero si esos errores los cometemos en zonas de gran dificultad suelen ser fatales. Por eso hay que educar en los beneficios del riesgo bien gestionado y poniendo las herramientas para que se trabaje en las zonas "más seguras".

"Uno puede llevar toda la vida haciendo monte, cometiendo los mismos errores y no ser consciente de ellos."

La formación y el aprendizaje son ineludibles pero sobre todo lo más importante es un ejercicio de reflexión individual tras toda actividad. Uno puede llevar toda la vida haciendo monte, cometiendo los mismos errores y no ser consciente de ellos.

Cuando realizamos conductas de riesgo sin que se produzca un accidente, disminuye la percepción del riesgo. El conocido método de aprendizaje, tan antiguo como la humanidad, y que busca respuestas adecuadas mediante el ensayo y el error conlleva un riesgo muy difícil de evaluar. Pensar que con la experiencia algunos peligros pueden no ser percibidos como tales y entonces nuestra misma competencia nos juega "inconscientemente" la última y definitiva jugada.

Y entonces se produce el accidente…
Efectivamente. Y debemos estar preparados para ese momento. No nos puede sorprender. La sorpresa es la antesala del caos. La primera regla en la gestión de la adversidad es la aceptación de la misma. Suele ocurrir que cuando se produce un accidente algunas personas niegan la evidencia y llegan a bloquearse, cuando lo que hay que hacer es controlar nuestras emociones, convivir con esa adversidad y superarla. En ocasiones, es una lucha contra el reloj; por lo que cuanto más preparados estemos, más posibilidades tenemos de salir airosos.

"La mayor parte de los accidentes son evitables; lo cual no significa que sean fácilmente previsibles."

Pero no son siempre errores individuales, también se dice en el libro que cuando se produce un accidente hay ciertas causas organizativas que siempre están muy presentes.
La importancia del factor humano en los accidentes tanto a nivel individual como grupal es indiscutible. Las estadísticas de accidentalidad en muchos sectores le conceden un porcentaje próximo al 85%, porcentaje que si analizáramos todas las causas en profundidad aún sería mayor. En la cadena de acontecimientos que se producen antes de un accidente hay unas causas en origen, lejanas en el tiempo, y que denominamos causas básicas. Sin embargo, cuando sucede el accidente son las causas directas o inmediatas en las que nos fijamos; pero previamente ha habido muchas fichas que han ido cayendo una tras otra. A esas causas básicas organizativas son a las que me refiero, y son achacables a todos, empezando en la Administración, y siguiendo por los clubes, los grupos de amigos o el individuo. Como digo en el libro la ficha más importante es aquella que tú puedes quitar para romper esa cadena fatal. Y aquí quiero hacer un inciso. Es evidente que una práctica segura se basa principalmente en sistemas de calidad y en la competencia de los líderes, pero la supervisión inadecuada es el principal factor contribuyente de un accidente en las organizaciones. Creo que aquí la Administración tiene una tarea pendiente.

Con todo esto lo que estamos diciendo, ni más ni menos, es que la mayor parte de los accidentes son evitables; lo cual no significa que sean fácilmente previsibles.

¿Y el riesgo cero…es verdad que no existe el riesgo cero en la naturaleza?
¿Existe el riesgo cero en la vida? ¿Y en el hogar? Casi un 60% de los accidentes que se producen en España en actividades domésticas y de tiempo libre, según datos de 2007, acaecen en el interior del hogar. Los accidentes van a existir siempre, el negarlo es no ser realista. El problema es que a veces nos comportamos como si el riesgo no existiera y fuéramos inmunes.

En el momento que salimos a la naturaleza ya hay una exposición al medio natural y a sus peligros. Lo que debemos tratar de conseguir para disminuir los accidentes es que aceptemos niveles de riesgo apropiados a cada uno en particular.

"El problema es que a veces nos comportamos como si el riesgo no existiera y fuéramos inmunes."

¿Qué causas se repiten más habitualmente en los accidentes que sufrimos?
Las personas dadas a improvisar son víctimas potenciales de sufrir un accidente y esto va muy ligado a una falta o mala planificación; y eso se traduce en mala preparación de la ruta, fallos de orientación, mal cálculo de horario, equipo escaso o deficiente…; insisto, en general un planeamiento insuficiente y defectuoso. Atención porque este vicio de la improvisación ataca tanto a personas expertas como inexpertas. En la mayoría de los casos la falta de previsión y una buena planificación es la receta segura de un futuro rescate. Hay que promover conductas seguras y desterrar la idea de la fatalidad de los accidentes.

Por eso precisamente en esta edición hemos incluido unas guías de planificación de actividades, con el objeto de que nos sirvan de referencia y para que nos acostumbremos a un cierto método desde el principio.

¿Están aumentando tanto los accidentes como para que se pueda plantear el cobro de los rescates?
Contesto con otra pregunta. ¿Cuál es el objetivo principal de la medida del cobro de los rescates que se están planteando algunas Comunidades: conseguir ahorrar costes o que disminuyan los accidentes?

Si somos capaces de contestar con sinceridad esa pregunta propongo otras que considero aún más importantes y definitivas: ¿Qué sociedad queremos crear? ¿Qué valores queremos inculcar a nuestros hijos? Estamos ante un debate que en principio considero que nos ha hecho daño al colectivo montañero, porque parece que somos los "locos" que nos jugamos alegremente la vida, metiendo en el mismo saco a los verdaderos amantes y conocedores de la montaña. Tenemos un reto importante y que debemos abordar todos sin distinción. Es la hora de la inteligencia. En esta sociedad que reclama el cobro de los rescates ha llegado la hora de los montañeros de verdad; de aquellos que hacen las cosas bien, que no cometen imprudencias, que son un espejo de sensatez y de buen hacer. Hay que dar ese ejemplo y conseguir que llegue al resto de la sociedad.

¿Qué conductas pueden ser más sancionables por lo tanto?
Uno de los componentes del riesgo lo constituye la incertidumbre, el resultado futuro desconocido que podemos esperar. Hay momentos en la vida en que simplemente nos la "jugamos", sin asumir el riesgo conscientemente. Y otras en las que se asumen riesgos conscientemente y que posteriormente, conociendo el resultado, probablemente no se asumirían. Sin embargo, uno de los riesgos que no debemos asumir es cuando esa incertidumbre puede afectar a otros. No considero admisible conductas de riesgo propias que pongan en peligro a otros. Ante esa duda no hay que arriesgar.

Y aquí hago una reflexión sobre el "jugársela". La percepción del riesgo también depende de nuestra percepción de la probabilidad. Pensemos en cualquier situación en la que intervenga el azar. Cuando el valor de lo que podemos perder es muy grande no nos lo jugamos fácilmente. Por el contrario cuando no tenemos nada que perder somos capaces de jugarnos lo que sea y como sea. ¿Qué valor le damos cada uno a nuestra vida y a la de los demás? Lo que hay que valorar siempre correctamente es las consecuencias de nuestros actos, no tanto la probabilidad de que hago salga bien o mal.

Una última reflexión para compartir con todos en voz alta…
"Puedo hacer lo que me venga en gana, nadie me puede prohibir nada, pero en el caso que tenga un accidente alguien tendrá la culpa y deberá pagar por ello." Enseguida se buscan responsabilidades. Lo he comentado en más de una ocasión, no creo que nadie quiera una sociedad que no legisle a tiempo, que sólo reaccione ante los accidentes, que rápidamente busque culpables y sólo exija responsabilidades.

Hay ciertos limites que deben marcarse y que no tienen porqué ser muchos, más bien lo contrario; pero las reglas del juego deben estar claras y aceptarse. La Administración debe comenzar a implicarse a fondo, con un enfoque sistémico y apoyándose en políticas preventivas; simplemente intentando extrapolar las campañas de tráfico al medio natural daríamos un pequeño salto de gigante.

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