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UNA ASCENSIÓN HISTÓRICA

65 años de la ascensión en solitario de Hermann Buhl al Nanga Parbat

Hasta 1953, la cima del Nanga Parbat había costado treinta y un muertos. El 3 de julio, Hermann Buhl alcanzaba la cima en solitario desoyendo las órdenes de Herrligkoffer, jefe de la expedición. En la cima, dejaba su piolet como prueba. En el descenso, que tendría que hacer con un solo crampón, sentiría la compañía de otra persona y tendría que pasar la noche de pie por encima de ocho mil metros. Al regresar al campo base no tendría un caluroso recibimiento. Esta es la historia de esta ascensión histórica.

Darío Rodríguez/DESNIVEL - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 14:56h.

Hermann Buhl, el exponente germánico de la época. En 1952, por ejemplo, escaló la norte del Eiger y en cinco horas y en solitario la Cassin del Badile. En 1957 hizo otra primera a un ochomil virgen, el Broad Peak, pero murió unos días después intentando e
Hermann Buhl, el exponente germánico de la época. En 1952, por ejemplo, escaló la norte del Eiger y en cinco horas y en solitario la Cassin del Badile. En 1957 hizo otra primera a un ochomil virgen, el Broad Peak, pero murió unos días después intentando el Chogolisa.

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  • Hermann Buhl, el exponente germánico de la época. En 1952, por ejemplo, escaló la norte del Eiger y en cinco horas y en solitario la Cassin del Badile. En 1957 hizo otra primera a un ochomil virgen, el Broad Peak, pero murió unos días después intentando e Hermann Buhl, el exponente germánico de la época. En 1952, por ejemplo, escaló la norte del Eiger y en cinco horas y en solitario la Cassin del Badile. En 1957 hizo otra primera a un ochomil virgen, el Broad Peak, pero murió unos días después intentando el Chogolisa.
  • Hermann Buhl vuelve a casa victorioso. La alegría es cierta y merece entrar a hombros, como también que no podía andar a causa de las congelaciones. Hermann Buhl vuelve a casa victorioso. La alegría es cierta y merece entrar a hombros, como también que no podía andar a causa de las congelaciones.
  • Nanga Parbat. Nanga Parbat.
  • La expedición austroalemana de 1953 al Nanga Parbat. Fue la primera de después de la Segunda Guerra Mundial. La dirigió Karl Herrligkofer en el comienzo de una polémica carrera de promotor de expediciones que se extenderá durante casi 40 años. La expedición austroalemana de 1953 al Nanga Parbat. Fue la primera de después de la Segunda Guerra Mundial. La dirigió Karl Herrligkofer en el comienzo de una polémica carrera de promotor de expediciones que se extenderá durante casi 40 años.
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La ascensión de Hemann Buhl al Nanga Parbat forma parte de las grandes historias épicas del himalayismo. Estamos en 1953, poco antes —el 29 de mayo— se ha ascendido el Everest. Y tres años antes, el 3 de junio de 1950, el Annapurna. Es por tanto el tercer ochomil que ascenderá el hombre. Los franceses (Maurice Herzog y Louis Lachenal) tienen el privilegio de ser los primeros seres humanos en poner los pies en un ochomil. Los ingleses los conquistadores de la montaña más alta del mundo (aunque serán un neozelandés —Edmund Hillary— y un sherpa -Tenzing Norgay- quienes alcanzarán la cima). Los alemanes han organizado una nueva expedición a “su” ochomil, el Nanga Parbat, una montaña que les ha supuesto ya 26 muertos (11 alpinistas y 15 sherpas). La expedición está dirigida por Karl Herrligkoffer, que tiene un concepto muy jerárquico, propio de otras épocas, de lo que significa liderar una expedición. Hermann Buhl desoye las órdenes de Herrligkoffer y se lanza a intentar la cima. Así lo cuenta en su biografia "Del Tirol al Nanga Parbat".

"Una gran montaña, un ochomil, no se deja conquistar sin afrontar grandes riesgos personales. Los dirigentes de la expedición de 1953 no quisieron responsabilizarse de ellos... No fuimos unos locos. También nuestra voluntad estuvo guiada por la razón. En nosotros ardía el juramento a la montaña y a los muertos intentarlo con todas nuestras fuerzas”.

 En la cima, como prueba de su ascensión, deja el piolet

Hermann Buhl alcanzará la cima el 3 de julio 1953, muy tarde, anocheciendo. A pesar de ello se detiene hacer unas fotos y deja en ella su piolet:

“Como prueba de la primera ascensión, ya que nadie puede observarme, y a la par como símbolo, abandono mi piolet con la bandera de Pakistán… además añado algunas piedras altas, algunos pedruscos más, formando un pequeño hito…”.

Inicia el descenso cuando ya se está haciendo de noche. “Aún no puedo calibrar lo que he hecho. Lo único que quiero es volver al valle, a los humanos, a la vida…”.

Pronto descubre que no ha sido buena idea abandonar el piolet en la cima: “Los dos bastones de esquí no son un buen sucedáneo del piolet”. Para colmo pierde la correa de un crampón, que logra sujetar antes de que caiga. Pero no lleva otra correa, ni siquiera un cordino con el que atarse otra vez el crampón. Así que tiene que seguir con uno solo y la ayuda de los dos bastones.

Se hace de noche y tiene que vivaquear, por encima de los ochomil metros, de pie, con la espalda apoyada en la pared. Pasa una noche durísima. Con los primero rayos del sol comienza el descenso. Un descenso épico, con un solo crampón.

“Continúo destrepando el canalizo un trecho interminable, siempre con solo un crampón; el otro lo llevo en el bolsillo frontal de mi anorak”.

 "Tengo una sensación extraña: no estoy solo. Hay ahí un compañero que me protege..."

Un descenso en que siente que alguien le acompaña:

“En estas horas de máxima tensión se apodera de mí una sensación extraña. ¡Ya no estoy solo! Hay ahí un compañero que me protege, observa, asegura. Sé que es un dislate, pero la sensación persiste…”.

“Le echo la bronca al acompañante que me sigue… Noto ahora, además, cómo va detrás de mí, siempre pegado detrás”.

Por fin, a las siete de la tarde, 48 horas después de haber partido, alcanza el último campamento donde le esperan dos de sus compañeros. Al abrazarse están a punto de llorar. Algo absolutamente normal y que, sin embargo, merece una justificación en su biografía: “Hay momentos en que no es ninguna vergüenza que dos hombres lloren…”.

 "Ahora lo sabemos: no somos solo compañeros de expedición, nos hemos hecho amigos"

Así describe aquel momento del reencuentro con sus compañeros, a quienes no les preocupa si ha hecho o no cima, sino —simplemente— su estado físico:

“Walter y Hans: leo en sus ojos júbilo y gratitud, y ahora se ocupan de mí con paternal amistosidad. Hans me sirve té y café por litros, eso hace que la vida penetre paulatinamente en mi deshidratado cuerpo. Ni siquiera preguntan si coroné la cima. Les trae sin cuidado. Lo que cuenta es que yo he vuelto sano. Esta unidad espiritual es la vivencia más impresionante de toda la expedición. Ahora lo sabemos: no somos solo compañeros de expedición: nos hemos hecho amigos. A esto, ya Walter me quita las botas, y solo ahora noto que la montaña se ha cobrado su tributo. Los dos primeros dedos del pie derecho están ya algo coloreados e insensibles. ¿No había notado yo nada en el descenso? Walter trata ahora las congelaciones. Nos apretamos los tres en la estrecha tienda de asalto, y yo es que tengo que informarles, y cuento y hablo, en catarata, como un reloj al que se ha dado cuerda y que no puede parar así como así.


¡Estoy otra vez fabulosamente sano! ¿Qué ocurre, son los nervios? Les pinto a los otros el arduo recorrido, y ellos atienden, tensos, mis palabras. El silencio es cada vez mayor, y solo a medianoche noto que ellos se han dormido ya. Ahora trato también yo de dormir, pero sigo acostado en la tienda con los ojos abiertos. Me siento bien, estoy de nuevo con los compañeros, me sé abrigado y seguro. Los pensamientos continúan allá arriba, y yo mismo no logro concebir que de veras haya yo estado en la cumbre del Nanga Parbat. Cuán a menudo soñé con este momento, y ahora resultaba tan distinto, tan inverosímil. Y el vivac: a mí mismo me parece, mirando atrás, como el gran milagro de un poder benigno”.

 La recepción en el campo base "es fría con ganas" 

Sin embargo, la llegada al campo base no puede ser más fría:

“¿Es que no van a hacernos de algún modo un recibimiento especial? Nos alegramos de poder llevarnos a nuestra tierra el triunfo, nuestro férreo aguante no fue, pues, vano. Ahora estamos aquí, a unos pasos de las tiendas. La recepción es fría con ganas. Únicamente los porteadores muestran de modo abierto júbilo por la victoria, ahora pueden volver orgullosos a sus mujeres. Nos cuelgan coronas de flores”.

El jefe de la expedición, Herrligkoffer, no le felicita: “Tengo que referirle primero pormenores de la ascensión a la cima, sólo después se informa sobre mi pie”. (Ha sufrido congelaciones)

Más tarde, a la hora de cenar, tampoco hay celebración: "A la tarde nos reunimos en la tienda-cocina. No se festeja nada, solo tomamos el resto del suministro que quedó aquí”.

 "Ahora que han pasado ya unos días esta ascensión a la cima me parece completamente irreal" 

El final del relato que hace de su ascenso en Del Tirol al Nanga Parbat  es conmovedor. Sus compañeros se ocupan de él. Sin embargo, aún con congelaciones tiene que ponerse a escribir a máquina el informe que le exige Herrligkoffer… mientras lo hace piensa en lo irreal de su ascensión al Nanga Parbat.

“Hans y Walter toman a su cargo mi cuidado y se ocupan conmovedoramente de mí. Ahora ya no puedo andar, en absoluto. Tengo en el pie una herida abierta, los dedos congelados están negros ya. Me pongo a escribir a máquina las impresiones de mi ascensión a la cima, que nuestro director de expedición reclama impaciente. Mientras tanto, miro una y otra vez al exterior de la tienda, contemplo la imponente pared norte y, arriba, el altiplano, que destaca como albo festón contra el azul del cielo. Y mientras la vista queda prendida allá, mis pensamientos están constantemente en esas horas decisivas, y ahora que han pasado ya unos días, esta ascensión a la cima me parece completamente irreal. Se me antoja algo soñado que no se puede entender, tan inconcebible y, sin embargo, tan presente…".

"En la montaña no pintas nada. De ti no se hará nunca un montañero" 

Lo más increíble de toda esta epopeya y, en general, de la historia de Hermann Buhl es que, como relata en su biografia,"era de niño tan delicado, tan enclenque, que incluso empecé el colegio un año después de lo normal". Hasta el punto que los montañeros experimentados, al ver su aspecto, se lo dijeron así de claro: "Tendrías que quedarte en casa. En la montaña no pintas nada. De ti no se hará nunca un montañero". 

La historia de Buhl es una historia de voluntad, superación, motivación, pasión por la montaña: "El ser humano se crece ante las metas superiores. Incluso cuando, como en mi caso, sus posibilidades son tan mínimas".

 

Autobiografía de Hermann Buhl:

Portada del libro 'Del Tirol al Nanga Parbat', por Hermann Buhl.

Del Tirol al Nanga Parbat

por Hermann Buhl

Del Tirol al Nanga Parbat es un libro autobiográfico único que Desnivel reedita conmemorando el 60 aniversario de su muerte, acontecida durante su intento al Chogolisa en 1957, y pocas semanas después de haber conseguido, junto a Kurt Diemberger, la primera ascensión al Broad Peak.

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