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SE REAVIVA LA POLÉMICA

Maestri y el Cerro Torre, 40 años después

La entrada en el nuevo milenio ha reavivado una polémica alpinística con más de cuatro décadas de historia: la primera ascensión al Cerro Torre por Cesare Maestri en 1959.

Martes, 17 de Abril de 2001 - Actualizado a las 16:29h.

Esta controvertida escalada, en teoría la primera completa de la afilada aguja patagónica, ha planeado siempre sobre la sombra de la duda, ya que la muerte durante el descenso del compañero de Maestri, Toni Egger, y la ausencia de fotos reveladoras de la cumbre, han hecho que muchos sigan sin acreditar al experimentado alpinista italiano. Entre ellos, el tirolés Reinhold Messner.

En 1959, el alpinista italiano Cesare Maestri afirmó haber completado la primera ascensión al Cerro Torre (Patagonia, 3.102 metros) tras haber alcanzado la cumbre por una ruta a través de su cara este. Su compañero de cordada, el excelente escalador austriaco Toni Egger, fallecía durante el descenso a causa de una avalancha y el propio Maestri era rescatado unos días después por su compañero y amigo Cesare Fava al pie de la montaña, solo y medio enterrado en la nieve.

Desde entonces no han sido pocas las voces que han puesto en duda esa ascensión, fundamentalmente por dos razones: la dificultad de la ruta que Maestri y Egger siguieron para llegar a la cumbre del Torre, así como la ausencia de fotos o alguna filmación que demostrara realmente la consecución de la cima (algo que ha ocurrido en otras ascensiones, como la de los hermanos Messner al Nanga Parbat en 1970, las cuales, sin embargo, no fueron cuestionadas).

Este año, la polémica ascensión ha vuelto a enfrentar a dos de sus protagonistas, Cesare Fava y el propio Maestri, con una de las indiscutibles figuras del alpinismo internacional, el tirolés Reinhold Messner, primer hombre en completar los catorce ochomiles del planeta y en llegar a la cima del Everest sin la ayuda de oxígeno. En diversas cartas que se han cruzado entre los italianos y el propio Messner, se puede comprobar como el tirolés, que nunca ha intentado el Cerro Torre, duda de que Maestri y Egger llegaran a la cumbre y por ello pide al alpinista italiano una entrevista personal con el propósito de realizar un mayor acercamiento a la realidad de los hechos que rodearon a esta polémica escalada.

Las misivas de Messner, dirigidas tanto a Maestri como a Fava, responden a un escrito anterior de este último, en el que realiza una dura crítica al tirolés, afirmando que sus dudas y su escepticismo se deben más a cuestiones nacionalistas que alpinísticas, ya que asegura que Messner, en uno sus libros, caracteriza a Italia como una de las naciones alpinísticamente menos preparadas (al igual que China, Corea, o India).

Ahora, os ofrecemos las tres cartas que han protagonizado esta discusión entre los tres experimentados alpinistas, así como una pequeña historia de lo que fue la ascensión de Maestri, Egger y el propio Fava al Cerro Torre en 1959, las primeras dudas que creó, su vuelta al Torre en 1971 y la opinión de alpinistas que han comprobado con su propia ascensión a este mágico pico patagónico, cuales pudieron ser las posibilidades de Maestri y Egger en el 59, todo ello según el relato que Leo Dickinson realiza en su libro Filmando lo Imposible, de Ediciones Desnivel.

La ascensión de Maestri y Egger al Cerro Torre (1959)

Cuando en 1959 realizó aquella escalada, Cesare Maestri tenía 29 años. Era un alpinista con fenomenal reputación en Italia, su país de origen, y durante la década de los 50 había escalado difíciles rutas en verticales paredes calizas, ganándose el sobrenombre de "Araña de los Dolomitas". Siempre dispuesto a ir al límite, tanto mental como físicamente, emprendía en solitario las más duras escaladas que luego destrepaba, en lugar de usar las cuerdas o buscar una ruta más fácil para el descenso.

Su amigo Cesarino Fava le había sugerido intentar el Torre ya en 1953, pero pasaron varios años antes de que pusieran manos a la obra. Maestri había formado parte de la frustrada expedición de Bruno Detassis en 1958, y al año siguiente volvió, con Fava y Toni Egger, este último un austríaco con una reputación formidable como escalador en hielo. Atacaron la Cara Este, que se yergue unos 1.500 metros sobre el glaciar. En un principio Toni Egger estuvo fuera de combate a causa de un absceso que sufría en un pie, y Maestri escalaba con Fava.

Este último había perdido varios dedos de un pie a consecuencia de las congelaciones sufridas en una expedición anterior, y como él mismo reconocía, no tenía el nivel de Maestri. Sin embargo progresaron satisfactoriamente. Después de once días habían equipado tres campamentos hasta el pie de la pared y comenzaron a escalar. La sección inferior estaba surcada por una fisura de 360 metros de longitud que ascendía a un pequeño nevero. La escalada era bastante exigente y se usaron los mejores materiales para ir superando aquellos pasajes de roca vertical.

Más tarde Maestri me describió por carta el método utilizado, probado muchas veces por él y Egger en casos de malas condiciones, con excelentes resultados."La técnica consiste en aprovechar los amontonamientos de hielo y las superficies de nieve prensada, escalando con crampones y piolets, y colocando tornillos de rosca corrientes o unos artilugios especiales de gran: longitud, que se instalan en las fisuras. (Estos artilugios se hacían con tubos de fontanería, cortados a la medida de los propósitos). "También colocábamos cuñas serradas de aluminio entre la roca y el hielo " Y añadía, "Cuando participé en la primera Expedición de Trento, dirigida por Bruno Detas, comprendí que las técnicas usuales serían de poco valor para escalar una montaña constantemente sujeta a los alternos rigores de la congelación y la descongelación". A medida que progresaban iban fijando cuerdas, con objeto de poder descender fácilmente para pasar la noche en la cueva de hielo de la base de la pared. Al día siguiente ascendían de nuevo por las cuerdas hasta el punto más alto de la jornada anterior, y allí comenzaban a escalar.(...)

Para finales de Enero Egger se había recuperado por completo y la ruta estaba equipada hasta el nevero. El 27 de Enero Maestri, Egger y Fava estaban de vuelta en el Campo III y a la luz de la vela tuvo lugar una interesante conversación que tendría críticas repercusiones sobre el resultado de la expedición.(...)

Así que se decidió que la ascensión sería en estilo alpino. Llevarían alimentos para varios días, saco de dormir y tantas cuerdas, pitones y equipo como pudieran transportar, y partirían como demonios hacia la cumbre. Era el de Egger un plan increíblemente audaz, especialmente en aquellos tiempos, pero Maestri y Fava lo apoyaban.

Al día siguiente los tres hombres ascendieron al Collado de la Conquista? así llamado por Maestri, al parecer como desafío a sus compatriotas Bonatti y Mauri, que habían bautizado Collado de la Esperanza al opuesto collado suroeste?. Maestri mantenía que en las montañas no hay lugar para la esperanza, sólo para la voluntad de conquistar. La esperanza, decía, es el arma de los pobres. Era ya la tarde cuando alcanzaron el collado. Por encima quedaban los 750 metros finales del Torre. Fava, que les había ayudado a transportar el equipo necesario para la helada pared norte, se preparó para descender en solitario. Los otros dos continuarían escalando a la mañana siguiente si el buen tiempo se mantenía. Fava descendió por las cuerdas fijas, llegando al glaciar cuando los últimos rayos del sol de enero se apagaban en las agujas más altas. Una vez instalado, se dispuso a esperar a sus compañeros.

A lo largo de los dos días siguientes Maestri y Egger batallaron ascendiendo los verticales pasajes de la arista norte y las desplomadas cornisas de hielo de la cumbre, sin usar cuerdas fijas. Maestri ha hablado sin mucho detalle de la escalada y de cómo, al comenzar el descenso desde la cumbre, la temperatura subió peligrosamente. La nieve comenzó a derretirse, caían avalanchas por todas las caras de la montaña y se levantó un viento muy fuerte. Después de otro vivac los escaladores estaban quedándose sin alimentos, y al día siguiente, a sólo 90 metros por encima de la relativa seguridad de las cuerdas fijas, y justo cuando se disponían a pasar otra noche sobre el empinado nevero por debajo del nivel del collado, ocurrió el desastre.

Entre la niebla surgió de improviso una enorme avalancha, bramando por la cara este como un tren expreso. Cayó sobre los escaladores tan rápida como un relámpago. Maestri, agarrado a las cuerdas en el anclaje de reunión, logró sujetarse; Egger, que estaba en las cuerdas veinte metros más abajo, fue arrastrado. También lo fueron las mochilas de ambos hombres. Conmocionado y aturdido por la súbita muerte de Egger, Maestri esperó en vela hasta la mañana siguiente y entonces bajó por las cuerdas fijas. Cerca del pie de la pared resbaló en el hielo y cayó rodando y deslizándose, rebasando los restos de la avalancha y la rimaya y yendo a detenerse sobre una pequeña plataforma en el glaciar. A partir de aquel momento ya no recordó nada de cuanto sucedió hasta ser rescatado.

Entretanto, Fava había aguardado ansiosamente en el Campo III durante ella cinco días y seis noches y al fin decidió muy a su pesar que los dos hombres no iban a volver. En la mañana del 3 de febrero partió lentamente hacia el campo II, aprovechando los intermitentes lapsos en que mejoraba la visibilidad. Durante uno de aquellos períodos Fava volvió la vista hacia el Torre y observó sobre el glaciar un extraño punto oscuro. Pensó que sería la sombra de una grieta.

Algunos minutos más tarde volvió a mirar y vio que aún estaba allí, y entonces decidió volver atrás e investigar, apremiado más bien por su conciencia que por la esperanza. Al acercarse tuvo la impresión de que el punto oscuro se movía y poco a poco reconoció una vaga forma humana. Fava apresuró el paso. Medio enterrado en la nieve encima del borde de una grieta, ahora sí parecía un hombre. ¿Pero cuál de los dos?. Siguió aproximándose y descubrió que era Maestri. Su anorak le había salvado: la nieve no había podido adherirse a la lisa superficie y era lo que Fava había visto en la distancia. Sólo tres palabras se abrieron paso entre los dientes y su barba recubierta de hielo: "Toni, Toni, Toni ". Fava le bajó a lugar seguro.

Todo el mundo coincidía en la idea de que la ascensión del Cerro Torre iba a representar un avance en la escalada alpina. Maestri había asumido un tremendo riesgo, y sólo él había sobrevivido, después de grandes sufrimientos y prolongados esfuerzos. Sus conciudadanos de Trento le agasajaron con una medalla de oro.

Según cree Maestri, fue Carlo Mauri quien empezó a especular sobre la veracidad de la escalada en un artículo que publicó "Il Corriere". En él, a Mauri le faltó muy poco para decir que Maestri no había llegado a la cumbre. De hecho, Maestri mantiene que, si lo hubiera dicho, él le habría admirado más. "Le habría demandado, pero le hubiera respetado". En cambio, Mauri se limitó a hablar de la montaña como si nunca hubiera sido escalada, ignorando por completo la escalada de Maestri. Incluso calificó a la montaña de imposible. La controversia creció y creció, y la primera reacción de Maestri fue volver al Cerro Torre y escalarlo otra vez.(...)

Ese gesto teatral fue el retorno de Maestri al Cerro Torre, en el año 1971. Aunque la arista sureste había derrotado ya a otras tres expediciones, parecía la más segura y fácil de las tres aristas del Torre, y Maestri se decidió por ella. Su aspecto era decepcionante. Muy estrecha y con pocas líneas alternativas, estaba cubierta de hielo y nieve y completamente expuesta a los coléricos vientos antárticos. La expedición británica de 1968 había fracasado encima del collado y debajo de las cornisas extraplomadas de hielo, que representan un fenomenal obstáculo en la parte alta de la montaña. Nadie había pisado jamás el muro superior de 200 metros de altura, ni los prohibidos merengues de nieve inmediatos a la cumbre. Para Maestri, sin embargo, no podía haber fracaso. Trasladó en helicóptero un fuerte grupo de alpinistas y una cabaña de madera para el campo base, como protección contra la formidable meteorología. En lugar de realizar su tentativa en la tradicional temporada de verano, él eligió escalar en mitad del invierno. Pronto la cabaña quedó cubierta de nieve, proporcionando un refugio confortable para el grupo. Fuera, las condiciones eran terribles, con una temperatura a menudo inferior a los 20º bajo cero y vientos que no bajaban de los 50 km/h y que a veces se acercaban a los 150.

Durante los cincuenta y cuatro días consecutivos que trabajaron en la pared, pasaron veintiocho noches vivaqueando en hamacas. Otro factor contribuyó también a la lentitud de su progresión: el peso del material que transportaban izándolo por la pared. Estaban utilizando un arma jamás usada hasta entonces por el hombre contra la montaña. Ascendiendo por aquellas abruptas paredes, llevaban consigo 150 kg de petróleo, aceite, cabrestantes, cuerdas y un compresor para hacer funcionar un taladro neumático. Pero, ¿por qué un compresor y un taladro? Maestri respondió: "Lo llevé porque había calculado que tendría que instalar del orden de mil clavijas de expansión. Como es natural, esto hubiera sido un proceso inacabable utilizando los procedimientos normales.(...)

Como se vio más tarde, aquel pesado equipo resultó ser más bien un estorbo que un beneficio. El proceso de izado requería tres horas cada vez que se usaba el taladro. Se colocaron más de 300 clavijas, en su mayoría próximas a las repisas de reunión, pero aun así fueron muchas menos de lo que Maestri había calculado y posteriormente pensó que un taladro manual le hubiera resultado de más utilidad. Ante las voces que clamaban "¡Profanación!" y "¡Violación!", él no se arrepintió lo más mínimo, y comparaba el taladro a la pértiga de plástico en el salto con pértiga. "Con el advenimiento de ésta", decía, "el récord del mundo se superó inmediatamente, sin que la destreza del atleta quedara en ningún modo disminuida. De la misma manera, el compresor es sólo un perfeccionamiento de las técnicas existentes y de ninguna forma va en detrimento de la habilidad del escalador".

A pesar de todas aquellas clavijas de expansión instaladas sobre 360 metros de roca virgen y de dos visitas con el propósito de completar el trabajo, el equipo de Maestri no ascendió a la cumbre del Cerro Torre. Decidieron no escalar los 45 últimos metros correspondientes al "champiñón" de nieve de la cumbre.

El escalador americano Jim Donini se hallaba en 1975 en la zona con Mick Coffey, Ben Campbell-Kelly y Brian Wyvill, tratando de realizar una ascensión en estilo alpino del Cerro Standhardt, hermana tercera en el grupo del Torre. Jim estaba descendiendo el empinado glaciar hacia el fondo del circo cuando vislumbró algunas cosas en el hielo. "Mick Coffey llamó para que nos acercáramos", relató Donini para mi película, "y hallamos lo que resultaron ser los restos de Toni Egger. Toni había muerto quince años antes y su cuerpo había descendido casi dos kilómetros y medio por el glaciar, cuya fusión lo puso al descubierto.

Hallamos simplemente una bota aquí y otra allá. Encontramos la cuerda por la que se hallaba rapelando cuando le sorprendió la avalancha de hielo. Encontramos su piolet y diversas cosas más. No encontramos la cámara... pero lo cierto es que hubo muchas otras cosas que no encontramos. Sin duda alguna aquel era el cuerpo de Toni debido a su localización y al equipo, las botas fabricadas en Kitzbühel y todo lo demás. Por añadidura, es la única persona fallecida en esta zona. La cámara, si aún existe, podría estar debajo de unos cuantos metros de hielo. Pensamos que aquel era un buen lugar para que descansara un escalador, así que dejamos allí su cuerpo. Tomamos un mosquetón que había en las proximidades y al año siguiente, cuando escalamos la Torre Egger ?pico adyacente al Cerro Torre y así llamado en honor a Toni dejamos el mosquetón en la cumbre. De hecho, fue lo único que dejamos en la cumbre."

Allí, en aquella torre escalada en 1976, Donini hizo nuevos descubrimientos que una vez más abrieron la controversia. La ruta por ellos elegida ascendía a través del Collado de la Conquista, siguiendo la línea abierta por Maestri y Egger. En un principio, recuerda Donini, él mismo había sido uno de los que creyó la historia de Maestri. Maestri poseía un envidiable historial y Donini le prestó crédito: "Cuando alguien como Cesare Maestri afirma haber escalado la montaña más difícil del mundo, hay que creerle". Para Donini, la ascensión hasta el Collado de la Conquista resultó ser increíblemente difícil. En la entrevista para mi película, Donini declara:

"Yo esperaba algo más en línea con la escalada alpina, un terreno de tipo mixto: un largo duro, otro más sencillo, un poco de nieve, un poco de roca... Pero resultó ser un terreno de dificultad muy mantenida, bastante similar a la escalada de las grandes paredes de Yosemite. Reuniones colgadas, largos de pitonaje difícil, escalada artificial todo ello en una montaña grande e impresionante. También había escalada en hielo, de modo que la simple ascensión de los primeros 900 metros hasta el Collado de la Conquista fue para mí una actividad más complicada que cualquiera de las rutas que yo había escalado en El Capitán. Fue muy, muy interesante". "Recuerdo que en los primeros doscientos o doscientos cincuenta metros hallamos todo tipo de restos de la vía de Maestri: trocitos de cuerda colgando de pitones extraplanos y cuñas de madera. Yo nunca había visto cuñas de madera antes, porque en Yosemite empleábamos material más moderno. Ya sé que los Dolomitas están plagados de cuñas de madera, y para mí fue muy interesante hallar una cuña, dos, diez, una detrás de otra. Tras de sí dejaron muchísimo material: pitones, cuñas, cuerdas... había de todo. Así pues, estábamos siguiendo la historia mientras escalábamos los primeros trescientos metros de la pared. Nos ayudó a encontrar el camino correcto. En esencia, nos ahorraron el trabajo de buscar la ruta".

"Estábamos ya cerca de un punto muy característico y prominente del Cerro Torre, un nevero triangular a unos trescientos metros de distancia, y a la vista de los altos cirros que se aproximaban y de la posibilidad de una tormenta al día siguiente, decidimos subir unos pocos largos más y llegar aquel día al nevero. Recuerdo estar asegurando a John Bragg desde una reunión colgada en una pared de granito vertical, mientras él hacía una difícil travesía para ascender después un bonito corredor de hielo. Luego había otro largo de hielo más fácil, y a continuación fue mi turno en cabeza de cuerda y me dirigí hacia la izquierda, donde hallé un tramo de escalada artificial de treinta metros de longitud, lleno de material dejado por Maestri y Egger. A lo largo de aquellos treinta metros, había un pitón cada metro o metro y medio. Y en cada pitón había un mosquetón ?lo cual me pareció muy, muy desconcertante...? No lograba entenderlo. A través de los mosquetones pasaba una cuerda, y esta cuerda estaba anudada más o menos en uno de cada dos mosquetones. Esta tirada terminaba en una repisa inclinada y muy pequeña, situada a unos quince metros por debajo del nevero, y sobre aquella repisa encontramos una mochila que contenía viejas cuñas de madera y pitones, y tres o cuatro cuerdas junto a la mochila. Evidentemente era un depósito de material".

"Así que teníamos aquel largo equipado con cuerda fija y el depósito de material, y por encima una pared desnuda y extraplomada de quince metros de altura; luego, el nevero, y desde allí hasta el Collado de la Conquista quedaban 600 metros de escalada que nos resultó muy difícil y muy mantenida. Pero no hallamos nada más: ni pitones, ni trozos de cuerda, ni cuñas... ni huellas en la nieve. Nada, No había señal alguna de paso desde 1959... Era fácil ver los signos de interrogación formándose en la mente de Donini. Y continuaba:

"Tal vez siguieron un camino diferente. Es posible. Desde el nevero había dos líneas evidentes, una que seguía un corredor muy abrupto y la otra por bellos sistemas de fisuras, a lo largo de un contrafuerte rocoso a la derecha del corredor. Pensamos en ascender por el corredor de hielo. Nos acercamos, pero era una canal de caída de avalanchas, increíblemente peligrosa. El simple hecho de cruzarla para llegar al contrafuerte rocoso era una perspectiva inquietante, pero por ahí tuvimos que ir. Así que cruzamos el corredor de hielo y ascendimos aquellas bonitas fisuras a lo largo de trescientos metros. Una escalada divertida y muy difícil si no fuera por los champiñones de hielo que teníamos encima a 900 metros de altura, amenazadores, esperando para caerse".

"Después de 450 metros de escalada mantenida llegamos a lo que desde abajo pensábamos iba a ser un problema. No sabíamos exactamente cómo atravesar hasta el collado. Maestri y Egger lo habían hecho seguramente en el 59, pero desde abajo parecía ilógico. No veíamos nada hasta que al contornear un saliente, mira por dónde, encontramos una bonita rampa que quedaba oculta desde abajo, y que nos proporcionó un acceso relativamente fácil al Collado de la Conquista. Allí tampoco hallamos nada: anclajes de rápel, pitones, nada en absoluto. Cuando uno encuentra un pitón se sabe que alguien ha llegado a ese punto, sin sombra alguna de duda. Pero el hecho de que no halláramos ningún pitón no significa concluyentemente que nadie hubiera llegado hasta allí. Es muy sospechoso, a mis ojos es muy acusador. Pero no es concluyente".

Los escaladores americanos tardaron mucho más tiempo de lo que pensaban en llegar al Collado de la Conquista. Sin contar con las subidas y bajadas por mal tiempo y retiradas, el tiempo total que invirtieron escalando hasta el Collado fue de unos seis días. ¿Era posible que Maestri y Egger lo hubieran conseguido en mucho menos tiempo? Maestri había dicho lo siguiente: "Nuestro progreso se vio favorecido por unas condiciones excepcionalmente buenas y utilizamos técnicas ordinarias de escalada en hielo. Pero recuerde, el Cerro Torre está muy próximo a la Antártida; las condiciones del hielo son únicas, es inestable y muy peligroso. Toni Egger era un excepcional escalador de hielo, y gracias a su brillante técnica resolvimos muy rápidamente todas las dificultades".

Donini encontraba difícil creer que aquellos europeos hubieran escalado más deprisa que ellos mismos, ni siquiera utilizando más cantidad de medios artificiales. Entonces, según Jim Donini, ¿quién hizo la primera ascensión al Cerro Torre? ¿Fue Maestri en 1959, o Casimiro Ferrari en 1974? "En armonía con el espíritu del montañismo, uno se siente inclinado a dejar a Maestri el beneficio de la duda pero después de haber repetido entre 600 y 900 metros de la ruta de Maestri, tengo personalmente grandes reservas".

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