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Conoce los inicios del escalador

Hansjörg Auer cuenta su carrera en el documental 'No hay vuelta atrás'

Un total de tres han sido las ocasiones en las que Hansjörg Auer ha derramado lágrimas durante la escalada. En este audiovisual podrás adentrarte en la vida del escalador, con imágenes y testimonios de algunas de sus expediciones.

Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 09:00h.

Estas son algunas de las ideas que Hansjörg Auer transmite en este vídeo, No turning back

Tiempos de granja y escalada

Fui muy afortunado de crecer en una gran familia. Si echamos ahora un vistazo atrás, podemos ver que aquella fue una época saludable. Mis padres eran inteligentes, nos criaron para trabajar en la granja y a la vez perseguir nuestros sueños de hacer escalada, montañismo y explorar en el que ha sido nuestro hogar.

No nos obligaron a ir en ninguna dirección, ellos simplemente nos dieron espacio para hacer lo que nos apasionada. Cuando ellos veían algún indicio, como que a mi hermano Matías le gustase hacer algo en particular, ellos intentaban apoyarle con todos los medios que tenían.

Mi madre no me puso problemas cuando le pedí dinero para comprar unos pies de gato.

La religión tenía un lugar importante en nuestra familia, sobre todo para nuestros padres. Creían en la dimensión espiritual del ser humano, pero nosotros podríamos haber aceptado o no esa creencia, para ellos cualquier elección era válida. 

Cuando por fin alcanzas la cima, piensas en todo el tiempo que has dedicado para conseguirlo. Puede que hayas estado trabajando durante años o toda tu vida.

Si pienso ahora en mi infancia, cuando era niño e iba al colegio, llevaba una vida completamente distinta a la de casa. No sentía que fuera un niño que recibiera el apoyo de sus compañeros o profesores. Me sentía bastante solo.

Cuando jugábamos al fútbol y había que hacer equipos, yo quedaba entre los últimos cinco chicos elegibles. Pero no solía 'chivarme' por esas cosas, yo prefería resolverlo por mi cuenta. Si tu objetivo es conseguir las cosas por ti solo, consigues trabajar en soledad, y no tardas en darte cuenta de lo bueno que eres estando tú solo en las montañas. 

Escalada en solitario "Lo más difícil no es escalar sino volver a casa"

Recuerdo que me reía cuando era niño, cuando tenía catorce o quince años, porque me gustaba estar solo. Cogía mi bicicleta y me iba a hacer un camino que llevara a cualquier parte. Era feliz por hacerlo solo. Decidí seguir yendo a escalar por mi propia cuenta, me estaba aficionando a ello. Comencé a realizar rutas más complicadas.

Cuando hice por fin mi primera escalada en solitario en la Marmolada, sabía que podría volver al año siguiente, lo que sería un gran placer. Yo solo tenía que esperar al momento perfecto para estar listo. Estaba un poco asustado, pero mi único cometido era ir allí y hacerlo. Tenía que sentir que era algo normal, que no iba a cambiar mi felicidad, mi vida, no es como si hubiera un cielo ahí arriba.

Lo más difícil no es escalar, sino volver a casa. Volver después de una escalada en solo integral hace que te sientas vacío. Regresar a casa supone reencontrarte con tu familia y amigos y, las primeras veces no te felicitaban, no te daban la enhorabuena, no te dicen eso.

La primera vez que fui a escalar en solo integral, mi padre se enfadó mucho conmigo, y ahora le entiendo. Él pensaba: “es nuestro hijo, quiere ir a Marmolada, donde va a correr muchos riesgos y además no estará acompañado”. Cuatro días después, estaba trabajando en la granja, y vino a disculparse por su reacción, por no entender lo que significaba para mí, por enfadarse y por no comportarse como un padre debería. Esto fue para mí muy importante.

La emotiva confesión de Hansjörg

No suelo llorar demasiado, no me ha pasado escalando, entrenando, haciendo boulder, batiendo algún récord... Pero la primera vez fue en Marmolada. Me puse manos a la obra y me convencí de que ese era el día, de que conseguiría llegar a la cima. Yo solo pensaba en lo agradecido que estaba, y en que no sabía cómo esta montaña, esta pared, pudiera darme tanto. Y empecé a llorar.

Ha habido un segundo momento que ha sido muy intenso para mí. Estaba con Simmon y Matías en la cima del Khunyang Chhish. Para conseguirlo, tuvimos que superar muchas dificultades, sobre todo con la aclimatación de Matías. Finalmente llegamos a la cima y nos dimos cuenta de lo duro que había sido, pero que lo más importante era que estábamos juntos allí.

Hubo una tercera vez en la que derramé lágrimas, fue durante mi expedición a Nilgiri, en Himalaya. Estábamos mi amigo Alex y yo. Perdimos a Gary en la bajada. Gary era el chico con el que yo había compartido vías de deportiva. Equipamos nuevas rutas en Marmolada. Formábamos parte de la comunidad de rescate, trabajábamos en la misma escuela de ski, él también era guía de montaña. Siempre estaba ahí. 

Una de las veces que fuimos a misa por Navidad, vi que Gary estaba esperándonos a mi hermano y a mí. Puede que no tuviéramos un vínculo muy grande, en realidad. Nos gustaba quedar, y pensamos ¿por qué no vamos juntos a escalar? Y él aceptó. Decidimos ir a Nilgiri.Cuando llegamos al campo base, nos dimos cuenta de lo complicado que era. 

Comenzamos a trabajar. El primer día resultó ser un poco duro, no encontrábamos dónde agarrarnos. Al día siguiente llegamos a una espiral, lo que nos complicó la llegada a la cima. Finalmente conseguimos montar nuestro campamento, nos sentíamos bien. A la mañana siguiente todo parecía normal, aunque Gary tenía problemas con su arnés.

Cuando estás a mucha altura, tu cuerpo y tu mente están centrados en las cosas importantes: dormir, comida, calefacción. No te preocupas de si alguien tiene dolor de cabeza o si está cansado. Son cosas que están ahí, pero no las tienes en cuenta. No les otorgas la importancia que les darías en otra situación.

Cuando alcanzamos la cumbre, no estábamos felices, pero nos abrazamos los unos a los otros y preguntamos a Gary cómo se encontraba. Nos dimos prisa en bajar, el viento era muy fuerte. Pensamos en llamar a un helicóptero, pero sabíamos que eso no iba a ser posible. Estábamos a 6.000 metros, en un punto en el que no podíamos subir ni bajar. Teníamos que dar la vuelta. Durante el descenso, mostré a Gary dónde tenía que dar sus pasos, y, de repente, se resbaló. No consiguió sujetarse a la grieta, y cayó.

Después de una tragedia como la de Nilgili, es complicado seguir adelante. Aun así, esta práctica me está dando muchas cosas, por lo que tengo que coger todas las tristezas y sumarlas a mi pasión por la escalada. Soy una persona que necesita estar fuera, en la montaña, e intentar alcanzar objetivos. Experimentar nuevas cosas. Si además puedes hacerlo con tus mejores amigos, pues mejor. 

El legado del escalador

Fue precioso alcanzar la cima de Gimmigela con Alex. Estuvimos allí media hora y nadie lloró ni dijo nada. Cuando volvimos al campo base, pregunté a Alex qué pensaba de todo aquello. Y él comentó que solo pensaba en Gary. En ese momento, yo pensé que él habría estado con nosotros.

He recibido ayuda de tanta gente, que creo que tengo que devolverles esa dedicación. Debería empezar a compensarles. Espero seguir cumpliendo mis sueños. Pero, por otro lado, quiero dar de mi todo lo que sea posible, no ser solo inspiración de los que están a mí alrededor. En mi misión, lo más importante es empezar por mi lugar de origen. Esto está ahora por encima del éxito o hacer algo muy complicado en la roca o hielo. 

La escalada en su forma más pura

Free solo

Escalar sin seguros y sin límites

por Alexander Huber

Free solo, solo integral, la escalada en su forma más pura. Ascender por una pared, en solitario, sin cuerda, sin arnés, sin seguro alguno supone un enfrentamiento entre la persona y la montaña, cara a cara, sin maquillajes, y con una intensidad que no suele encontrarse en ninguna otra faceta del alpinismo. Y es que no existe otra disciplina dentro de la escalada en la que la fuerza mental cuente de manera tan decisiva, en la que la comunión entre cuerpo y espíritu deba ser tan perfecta... Tu vida pende de ti mismo, y no de la cuerda.

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