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Colchonetas y aislantes. Dormir en el suelo ¡a mí, plim… !

Dormir bajo las estrellas es muy romántico… hasta que empiezas a tener conciencia del montón de huesos que tiene tu cuerpo, a contar las piedrecillas que te “masajean” la espalda y a notar cómo el frío te entra hasta el corvejón. Por fortuna, cada vez es más fácil evitar todas estas molestias y concentrarse en mirar la bóveda celeste hasta que Morfeo nos secuestre.

Carlos Carmena - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 15:00h.

Una buena colchoneta ayuda a convertir un vivac en una experiencia que se desea repetir.
Una buena colchoneta ayuda a convertir un vivac en una experiencia que se desea repetir. (SeaToSummit)

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  • Una buena colchoneta ayuda a convertir un vivac en una experiencia que se desea repetir. Una buena colchoneta ayuda a convertir un vivac en una experiencia que se desea repetir.
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  • Para llegar a colchonetas como esta, se han realizado muchas investigaciones y avances tecnológicos. Para llegar a colchonetas como esta, se han realizado muchas investigaciones y avances tecnológicos.
  • Con las colchonetas de hoy en día, dormir en el suelo ya no es para nada una utopía. Con las colchonetas de hoy en día, dormir en el suelo ya no es para nada una utopía.
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Recuerdo mi primera noche en el monte. Fue con mi mejor amigo de entonces, su padre y un saco de dormir prestado. Cargábamos unas mochilas de loneta con muchos bolsillos cerrados con correas de cuero y hebillas de aquellas con el pincho. Atada a ésta iba una tira de moqueta enrollada que iba a hacer las veces de colchoneta.

Mi colchoneta en aquella salida fue… un palo con punta. Con él dibuje un cuadrado, limpié el suelo de hierbas y piedras, y conseguí improvisar un lugar aceptable donde colocar el saco. Fueron unas vacaciones de Semana Santa a finales de los 60, todavía con noches frescas, así que no lo pasé muy bien, pero, eso sí, no me salí de la “esterilla”. Había dibujado un rectángulo bien grande. A partir de entonces las salidas se sucedieron. Y yo quería mi trozo de moqueta. Mi padre, sastre de profesión, nos fabricó unas colchonetas de tela rellena de la misma guata que empleaba para el relleno de los abrigos que no duraron mucho.

Llegan los primeros aislantes

Hasta que llegó el primer aislante “técnico” a nuestras tiendas de deportes en los años 70 –si el recuerdo no me falla, una de Altus que era una plancha de un par de centímetros de grosor de un material parecido a lo que se utiliza debajo de la tarima flotante– el recurso más cómodo para dormir en el monte sin dejarse los riñones era la colchoneta de aire tipo playero, pero de loneta en vez de plástico, que se pinchaba menos. ¡Pero era tan pesadas que daba pereza echarlas a la mochila! Y tampoco protegían mucho del frío que digamos: ¡¿Cómo se iba a calentar un volumen tan grande de aire?! Lo del peso lo solucionó un modelo de nailon que abultaba relativamente poco y que pesaba un tercio de las colchonetas de loneta, pero no resolvían el problema del frío y eran de mírame y no me toques.

Por fortuna para nuestros sufridos lomos, desde aquellos tiempos heroicos la industria ha evolucionado mucho y las mejoras se evidencian de temporada en temporada, debido, en gran parte a la enorme competencia del mercado. Fabricantes como Thermarest, Trangoworld, Vaude, Sea to Summit… compiten año tras año para conseguir productos que nos ayuden a dormir cómodamente sin que eso implique cargar con mucho más peso.

"Desde aquellos tiempos heroicos de la moqueta o la colchoneta playera, la industria ha evolucionado mucho y las mejoras se evidencian de temporada en temporada"

La evolución

Hay tres grandes familias de colchonetas para actividades de montaña: las tradicionales esterillas de foam o EVA, las hinchables (herederas directas de las playeras pero muy mejoradas) y las autohinchables. Es en estos dos últimos grupos donde la evolución ha sido más notable en los últimos años.

Las primeras están fabricadas con espuma (foam en inglés; de ahí que se las conozca como de foam) de poliuretano, de polietileno o de EVA (etilvinilacetato). Esta espuma puede ser de células abiertas. Es lo que se conoce vulgarmente como gomaespuma y que se utiliza en la fabricación de colchones baratos. No se usa en la fabricación de esterillas porque no retienen el aire al ser presionada, por lo que necesitan un gran volumen para proporcionar un mínimo acolchado, y absorben agua.

Son las espumas de células cerradas las que se emplean en la construcción de esterillas aislantes. En éstas, el aire permanece encerrado en las burbujas, lo que supone que éste conserve mejor el calor que acumula y que no absorba agua. Las esterillas de células cerradas han evolucionado más en la forma que en la propia composición. Del rectángulo plano se ha pasado a rectángulos con relieves, ondas, canales y “hueveras” cuyo fin es atrapar el aire caliente entre el cuerpo y la colchoneta.

La Ridge-rest y Z Lite, ambas de Thermarest son, sin duda, las más conocidas.

Las modernas colchonetas hinchables para montaña son, como decíamos más arriba, una evolución de las clásicas colchonetas de camping. Los fabricantes han dado muchas vueltas para conseguir comodidad y aislamiento con un peso aceptable (entre 300 y 500 g); eso sí, son delicadas y tienen precios no tan ligeros.

Empresas como Exped, Thermarest, Sea to Summit o Trangoworld en nuestro país, han hecho importantes mejoras introduciendo celdas con laminados aislantes en las colchonetas inflables como en el caso de la colchoneta Neo Air de 2009 de Thermarest, o incorporando aislantes térmicos, naturales como la pluma en el caso del fabricante Suizo Exped, o sintéticos como Thermolite en el caso de la compañía Australiana Sea to Summit, y Primaloft en el caso de Trangoworld.

Las auntohinchables son, en realidad, una combinación muy evolucionada de las hinchables y las de foam. La primera de su especie salió de la factoría Thermarest. Estas colchonetas combinan la comodidad que aporta un colchón de aire con la capacidad aislante de la espuma, que, de diferente clase y manera (sandwichs, celdillas, etcétera), se dispone en el interior.

Lo de autohinchable es una verdad a medias. Se supone que gracias a la capacidad de recuperación que tiene la espuma cuando deja de estar bajo presión (enrollada), puede llegar a inflarse por sí misma cuando se abre la válvula, pero todos los que tenemos una colchoneta autohinchable sabemos que siempre es necesario darle un “empujoncito”. Las hay rectangulares, simétricas y de diferentes grosores (de 2 a 10 cm): cuanto más gruesas más cómodas, naturalmente, pero también más pesadas.

El rango de peso va desde los 600 g hasta más de 2 kg. A partir de 1 kg son más adecuadas para camping que para el montañismo o excursionismo. En la actualidad hay modelos verdaderamente ligeros que no ocupan más que una cantimplora de un litro cuando están plegadas.

Cuando estés eligiendo una colchoneta ten en cuenta los siguientes factores:

  • Uso

No es lo mismo buscar una coclchoneta para camping que para hacer un viaje en bicicleta o un trekking. En el primer caso te podrás permitir una colchoneta más pesada. En términos generales, las autohinchables e hinchables son más cómodas que las esterillas y una vez plegadas se pueden guardar dentro de la mochila o las alforjas, pero son muy delicadas y no se pueden poner directamente sobre el suelo. Una buena idea es utilizarlas combinándolas con una esterilla fina (las de tipo aluminizado son muy ligeras).

  • Grosor y peso

Aunque la comodidad es algo que depende mucho de las circunstancias personales, es evidente que ésta depende muy directamente de dos dimensiones: grosor y longitud. Cuanto más “gorda” sea una colchoneta o una esterilla, más cómoda resultará, pero también más pesada y voluminosa… salvo en el caso de las hinchables de última generación que alcanzan elevados niveles de comodidad con pesos y volúmenes muy pequeños. Si te decides por una autohinchable no compres una que esté por debajo de los 2 cm de grosor porque te aportará poco aislamiento y poca comodidad.

En cuanto a la longitud, es evidente que lo mejor es que no quede nada del cuerpo fuera de ella, pero lo cierto es que para una persona de talla media una autohinchable de 150 cm es más que suficiente, y lo decimos con conocimiento de causa. La parte de las piernas que queda fuera se puede aislar perfectamente con la mochila o con ropa. Pero en definitiva, esto es un asunto que hay que valorar en conjunto con el resto del equipo. Indudablemente, con una colchoneta ancha y gruesa te levantarás más descansado, más fuerte y en mejores condiciones para volver a cargarla otra jornada.

  • Aislamiento

Las colchonetas no sólo tienen que evitar que nos clavemos en el lomo las piedrecillas y ramas; también tienen que evitar que el frío del suelo nos llegue. Es lo que se llama aislamiento. Mira en la etiqueta de la colchoneta que vas a comprar una información llamada R-Value. Ésta es una escala que indica su capacidad aislante. Un valor R de hasta 1 indica una capacidad baja y es sólo aceptable para una colchoneta que se vaya a utilizar en verano. Valores entre 3 y 4 indican que estamos ante una colchoneta multiestación. Para condiciones invernales necesitamos valores por encima de 5.

Dieta de adelgazamiento

La búsqueda de la ligereza se ha convertido en una obsesión para los fabricantes de colchonetas. La idea más “ligera” que conocemos hasta ahora se debe a la firma norteamericana Klymit, que más que una colchoneta se trata de una “red” de tubos hinchables que aísla los puntos más vulnerables del cuerpo. La versión larga pesa 258 gramos y la corta sólo 173. Una vez desinflada ocupan un volumen mínimo. Ligera es, sí, pero los usuarios reconocen que no son tan cómodas como otras colchonetas inflables y que aíslan más bien poco, aunque esto último se puede solventar utilizando una esterilla de EVA.

Son un poco espartanas, pero para alguien acostumbrado a utilizar aislantes sencillo que quiere ganar en comodidad sin incrementar mucho el peso, estas “colchonetas” son una alternativa muy atractiva, en particular la pequeña X-Lite.

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